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¡De rodillas, ex esposo! Ahora soy tu tía romance Capítulo 100

Elena: "..."

—¿Qué es eso de chistes malos? —preguntó la tía Otilia, intrigada—. A ver, cuéntanos uno.

Alana se puso muy seria:

—Tía, ¿sabe qué le pasa a una uva si se va al Polo Norte?

La mujer lo pensó un momento, pero terminó negando con la cabeza.

—¡Se congela y se vuelve una... uva pasa... pero de frío!

La tía Otilia se quedó callada unos segundos antes de soltar una carcajada inesperada.

Alana siguió:

—Un día, el doctor le preguntó a un paciente cómo se había fracturado todos los huesos. El paciente respondió: "Es que sentí que tenía una piedra en el zapato, me apoyé en un poste de luz para sacudirme el pie y, como estaba temblando, un señor creyó que me estaba electrocutando y me agarró a palazos para salvarme".

—¡Que lo estaban electrocutando! ¡Ay, por Dios, ese está buenísimo! —La tía Otilia se reía a carcajadas, sosteniéndose el estómago.

Alana reía con los ojos convertidos en dos medias lunas, pero al ver a la persona que acababa de entrar en la sala, cerró la boca de golpe como acto reflejo.

Caleb entró, inexpresivo como siempre, y saludó brevemente:

—Tía.

—¡Llegas justo a tiempo! —La tía Otilia se limpió una lágrima de risa con un pañuelo—. Alana, cuéntale otro para hacerlo reír. A este muchacho es imposible sacarle una carcajada.

Alana parecía todo menos dispuesta, pero Caleb ya se había plantado frente a ella, con los brazos cruzados, como si estuviera esperando a que empezara su espectáculo.

Ella se aclaró la garganta y lo miró:

—¿Por qué los pájaros no usan Facebook?

—Porque ya tienen Twitter —respondió Caleb.

Y lo dijo con un tono tan sepulcral que le quitó absolutamente toda la gracia al chiste.

Alana volvió a la carga:

—A ver, ¿sabes por qué el libro de matemáticas se suicidó?

—Porque tenía demasiados problemas —contestó Caleb.

Alana lo miró fijamente. De pronto se le encendió el instinto competitivo. Se cruzó de brazos y le sonrió, dispuesta a no dejarse ganar:

—¿Qué le dijo una iguana a su hermana gemela?

Caleb: "..."

Al ver que por fin el hombre se había quedado mudo, ella exclamó triunfante:

—¡Somos iguanitas!

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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