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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 359

Adrián sostuvo su mirada porque sabía que aquella pregunta no se relacionaba con horarios.

—Sí. Y si algo cambia, te lo diremos antes. No tendrás que adivinar dónde estamos ni cuándo regresaremos.

Camille observó a su hermano y después a Adrián.

—Eso sí cuenta como una buena respuesta.

Eduardo apareció desde el pasillo acompañado por Clara y, después de escuchar parte de la conversación, propuso hacer un calendario entre los tres porque su mamá utilizaba uno cuando él estaba hospitalizado.

—Era la única manera de que supiera cuánto faltaba para volver a casa —explicó Clara con una sonrisa cargada de recuerdos que todavía no parecían completamente fáciles.

Victoria miró a los tres niños.

—Entonces hagan uno juntos.

Mathis parecía mucho más tranquilo mientras Adrián se incorporaba. Clara se acercó a Victoria antes de que salieran y observó a Eduardo hablando con Camille sobre cómo dividir los días.

—Gracias por incluirlo. A veces siento que sigue creyendo que todo gira alrededor de hospitales, tratamientos y médicos.

Victoria siguió la dirección de su mirada.

—Los niños no deberían aprender a vivir esperando malas noticias.

Clara asintió.

—Nosotros tampoco.

Victoria comprendió perfectamente lo que quería decir.

La propiedad a la que llegaron estaba suficientemente alejada de la ciudad para ofrecer privacidad sin convertirse en un aislamiento absoluto. Adrián había insistido en mantener únicamente al personal indispensable, aunque Victoria sospechaba que existían al menos tres veces más hombres de seguridad de los que él admitiría si se lo preguntaba directamente.

Sin embargo, no era solamente la amenaza lo que continuaba rondándolos. Durante el trayecto ambos habían regresado varias veces a la misma pregunta porque cuanto más analizaban lo sucedido, menos lógico parecía atribuir cada movimiento exclusivamente a Alejandro.

—Quiero preguntarte algo —dijo Victoria mientras dejaba el bolso sobre una mesa—. ¿Cuánto tiempo crees que necesitaría Alejandro para recuperarse lo suficiente como para moverse normalmente?

Adrián entendió inmediatamente hacia dónde iba la conversación.

—No lo se. Depende de dónde esté recibiendo atención, pero cuando escapó todavía tenía lesiones que limitaban bastante su movilidad.

—Entonces alguien más estuvo en nuestra boda.

—Sí.

—Y otra persona pudo haber conseguido la credencial.

—O la misma persona, pero no Alejandro.

Victoria caminó unos pasos por la habitación.

—Eso significa que seguimos pensando en él como si fuera el centro de la operación cuando quizá solamente sea una parte.

Adrián se quedó observándola.

—Seguridad está revisando contactos antiguos de Daniel. Personas que nunca fueron detenidas porque no existían pruebas suficientes.

—¿Y si alguno decidió ayudar al padre después de su muerte?

—Es posible.

Victoria quería aceptar aquella explicación porque era sencilla: un empleado leal, alguien pagado o una persona vinculada con Daniel que hubiera transferido su fidelidad a Alejandro. Sin embargo, seguía existiendo algo inquietante en la precisión con la que los movimientos ocurrían, como si quien estuviera detrás no necesitara improvisar demasiado.

—No me gusta —admitió.

Adrián se acercó.

—A mí tampoco.

—Pero seguimos aquí.

—Porque tú quisiste venir.

Victoria levantó la mirada hacia él.

—Y tú decidiste escucharme.

—No hagas que parezca sencillo. Tengo aproximadamente diez hombres de seguridad en los alrededores.

Ella abrió los ojos.

—Dijiste que serían pocos.

—Dije que el personal visible sería reducido.

Victoria soltó una carcajada.

—Eres incorregible.

—Estoy evolucionando, no convirtiéndome en otra persona.

Aun con aquella preocupación, las siguientes horas consiguieron parecerse un poco más a la luna de miel que ambos habían intentado tener. Victoria entró a la cocina atraída por varios sonidos poco tranquilizadores y encontró a Adrián frente a una sartén mientras revisaba atentamente un video en el teléfono.

—¿Qué estás haciendo?

Él se volvió con absoluta seriedad.

—Desayuno.

Victoria observó lo que había dentro.

—¿Eso sigue siendo desayuno?

—Todavía no he terminado.

—Eso es precisamente lo que me preocupa.

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