Victoria decidió no permitir que la noticia se convirtiera inmediatamente en el centro de la recepción. Seguridad estaba revisando cámaras y listas de acceso, Adrián había aceptado dejar el asunto en manos del equipo y Regina coordinaba discretamente cualquier cambio necesario, así que por una vez Victoria quería celebrar antes de volver a sobrevivir.
Laura la encontró cerca de una de las mesas y Camila Duarte apareció detrás de ella con una expresión divertida.
—Todavía no entiendo cómo lograste caminar tan tranquila —comentó Laura—. Esta es la misma mujer que casi salió corriendo antes de su primera presentación profesional.
Victoria negó.
—No iba a salir corriendo.
—Me pediste tres veces que revisara la puerta.
—Era una reunión importante.
—Era una presentación para seis personas.
Adrián escuchaba desde unos pasos de distancia y, aunque antes habría querido intervenir preguntando qué presentación o por qué nadie le había contado aquello, esta vez simplemente observó. Victoria lo notó y Laura también.
—Tu esposo está aprendiendo —comentó su amiga.
Victoria dirigió una mirada hacia él.
—Despacio.
—Pero está aprendiendo.
Adrián levantó la copa desde lejos, consciente de que hablaban sobre él aunque no pudiera escucharlas, y Camila sonrió.
—Eso ya es bastante para un Montenegro.
Cerca de ellas, Eduardo corría detrás de Mathis mientras Camille intentaba evitar que ambos se acercaran demasiado a las mesas.
—¡No corran!
—Tú no eres nuestra mamá —protestó Mathis.
—Alguien tiene que evitar que ensucien todo.
Clara se levantó inmediatamente.
—Eduardo, despacio.
Victoria tocó su brazo antes de que pudiera intervenir.
—Déjalo.
—Todavía se cansa.
—Cuando se canse, descansará.
Clara observó a su hijo y permaneció en silencio. Durante meses, cada movimiento de Eduardo había sido medido entre tratamientos, análisis y citas médicas; incluso verlo correr podía despertar miedo.
—A veces olvido que también tiene derecho a hacer cosas normales —admitió.
—Eso nos pasa a todos cuando tenemos miedo de perder a alguien.
Clara comprendió que Victoria no estaba hablando únicamente de Eduardo.
Ernesto se acercó cuando las mujeres se dispersaron.
—No imaginé esto para ti.
Victoria levantó las cejas.
—¿Mi boda?
—Tu vida.
Aquella respuesta la hizo guardar silencio.
Ernesto observó a los niños, a Laura, a Camila y después a Adrián.
—Durante años pensé que sabía exactamente cómo debía verse el futuro de mis hijas.
—Ese fue parte del problema.
Él asintió sin defenderse.
—Lo sé. Ahora tienes una vida completamente diferente a la que planeamos.
—Precisamente por eso siento que es mía.
Ernesto aceptó la frase y no intentó corregirla.
Adrián apareció antes de que el silencio se volviera incómodo.
—¿Me permites robarte a mi esposa?
Ernesto dio un paso atrás.
—Esta vez es tu esposa porque quiere serlo no porque este sustituyendi alguien. Procura recordarlo.
Adrián sostuvo su mirada.
—Todos los días.
Victoria permitió que la llevara hacia el centro del salón mientras la música cambiaba y varios invitados empezaban a observarlos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Hola...
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....