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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 353

—De modo que decidieron modificar las medidas sin consultarme.

—Decidimos recuperar nuestra vida antes de que tu miedo termine administrándola —respondió Victoria.

Regina se puso de pie.

—El padre de Daniel continúa libre, pero no permitiré que utilices su ausencia para aislar a tus hijos.

—No sabes de qué es capaz.

—Sé de qué eres capaz tú cuando tienes miedo y ahora mismo también estás lastimándolos.

Victoria se acercó y apoyó una mano sobre su pecho. Adrián la cubrió con la suya.

—También tengo miedo —confesó ella—. Cada vez que me hacen un estudio pienso en nuestro hijo y en la posibilidad de no verlo crecer, pero no pasaré mi vida encerrada esperando una tragedia.

—No sé cómo protegerlos sin sentir que estoy arriesgándolos.

—Empieza por recordar que somos tu familia, no una empresa que puedas dirigir durante una crisis.

Victoria estableció que los niños regresarían a clases, que ninguna cita médica sería modificada sin su autorización y que la boda continuaría.

—Si intentas impedir que salga, yo misma la acompañaré —advirtió Regina.

Antes de que pudiera responder, el responsable de seguridad llamó para informar que el rastro del padre de Daniel había desaparecido por completo.

Las autoridades revisaron clínicas privadas, hospitales y propiedades relacionadas con antiguos colaboradores de Daniel, pero no encontraron registros de un hombre con lesiones compatibles con el accidente. Las cámaras del vehículo utilizado para sacarlo del hospital mostraban rutas incompletas y las placas habían sido colocadas solamente para aquella operación.

—No pudo recuperarse sin atención —insistió Adrián durante una reunión con los investigadores.

—Probablemente recibe cuidados en un lugar preparado con anticipación —respondió uno de ellos—. Daniel utilizó médicos y residencias fuera de los registros habituales. Su padre pudo conservar parte de esa red.

La ausencia resultaba más inquietante que una amenaza directa. Cada jornada sin noticias permitía que Adrián imaginara nuevos ataques, aunque comenzó a reconocer cuándo el miedo intentaba gobernar sus decisiones.

Regresó a terapia, permitió que Camille y Mathis retomaran sus actividades y aceptó que el responsable de seguridad estableciera las medidas sin recibir instrucciones constantes. No fue un cambio inmediato; algunas mañanas revisaba las cámaras antes de saludar a sus hijos y otras despertaba para comprobar que Victoria continuaba respirando.

Ella no celebraba cada avance como si bastara para borrar lo ocurrido, pero reconocía cuando él conseguía detenerse.

—Quiero cancelar la salida de los niños —admitió Adrián una tarde.

—¿Existe una amenaza concreta?

—No.

—Entonces habla con seguridad y escucha su evaluación.

Adrián realizó la llamada delante de ella. Cuando el responsable confirmó que la actividad podía mantenerse, aceptó la decisión sin añadir nuevos guardias.

—¿Ves? —dijo Victoria—. Siguen protegidos y no tuviste que encerrarlos.

—Todavía no me agrada.

—No tiene que agradarte para ser correcto.

Los preparativos de la boda continuaron. Camille recuperó su tarea de custodiar los anillos y Mathis practicó tantas veces el recorrido hacia el altar que terminó organizando a los empleados como si también formaran parte de la ceremonia.

Regina coordinó la seguridad con una discreción que habría resultado imposible meses atrás. Isabel acompañó a Victoria durante las últimas pruebas del vestido y consiguió no mencionar a Fernanda, quien permaneció lejos después de la conversación sostenida en la mansión.

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