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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 351

Ninguno imaginó que aquella sería la última ocasión en que las autoridades lo tendrían a la vista.

En el hospital, Adrián fue trasladado a una sala donde el personal limpió la herida y realizó varios estudios para descartar daños internos. La bala había rozado su costado sin alcanzar ningún órgano, pero el golpe recibido al caer le dejó una contusión y la cantidad de alcohol encontrada en su sangre obligó a mantenerlo en observación durante varias horas.

—La lesión es superficial —explicó el médico mientras terminaba de revisar las imágenes—, aunque, si la trayectoria hubiera variado apenas unos centímetros, estaríamos hablando de una hemorragia interna y una situación muy distinta.

Victoria permanecía junto a la cama, con una mano sobre su vientre y la otra aferrada al respaldo de una silla. No había interrumpido al personal ni utilizado su posición para exigir privilegios, aunque siguió cada movimiento con una atención que revelaba el miedo escondido detrás de su enojo.

—Necesitará reposo, mantener limpia la herida y regresar si presenta fiebre, sangrado o dolor intenso —continuó el médico—. También recomiendo que evite el alcohol mientras toma los medicamentos que voy a recetarle.

—No tendrá que preocuparse por eso —respondió Victoria—. Después de esta noche, no volverá a acercarse a una botella durante mucho tiempo.

Adrián no protestó. Esperó hasta que el médico salió y la puerta volvió a cerrarse, entonces observó a Victoria, quien se acercó para acomodar la sábana que se había deslizado. Sus dedos rozaron el vendaje antes de detenerse sobre su pecho, como si necesitara comprobar que el corazón continuaba latiendo.

—Puedes decirlo —murmuró él.

Ella retiró la mano.

—No necesito que me concedas permiso para estar furiosa.

—Lo sé, pero llevas horas conteniéndote para no discutir delante de los paramédicos y los médicos.

Victoria dio un paso atrás, aunque sus ojos continuaron sobre él.

—Te pedí que permanecieras dentro del automóvil, pero decidiste acercarte a un hombre que acababa de perseguirte y amenazar a nuestra familia.

—No voy a justificarme.

—Hace unas horas aseguraste que estabas aprendiendo a aceptar que no puedes controlar cada desenlace, sin embargo, viste un vehículo volcado y actuaste como si solamente tú pudieras resolverlo.

—Recordé el accidente que sufrí con mi padre y reaccioné antes de pensar, pero eso explica lo que hice, no lo vuelve correcto.

La respuesta la desconcertó porque esperaba escuchar un discurso sobre humanidad, deber o la imposibilidad de abandonar a un herido. Adrián, en cambio, sostuvo su mirada sin intentar disminuir las consecuencias de su decisión.

—Pudiste morir —dijo ella.

—Sí.

—No respondas con esa tranquilidad, porque estuve esperándote completamente angustiada antes de ir a buscarte.

La voz de Victoria se quebró. Adrián quiso incorporarse, pero el dolor atravesó su costado y ella extendió una mano para impedir que se moviera, aunque enseguida pareció enfadarse consigo misma por continuar cuidándolo mientras deseaba gritarle.

—Camille y Mathis habrían vuelto a perder a un padre, nuestro hijo jamás habría tenido la oportunidad de conocerte y yo habría tenido que regresar a una casa donde todo lleva tu presencia, sabiendo que no volverías a cruzar la puerta.

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