Regina comenzó a preparar la bandeja después del desayuno, pero evitó presentar la actividad como una celebración anticipada. Colocó varios objetos sobre la mesa y explicó a Mathis que elegirían únicamente aquello que pudiera resultar útil cuando Fernanda regresara.
El niño permaneció de pie frente a la mesa, observando una manta, un vaso, algunas tarjetas y un cuaderno.
—¿Cómo podemos prepararnos si quizá no vuelve?
Camille levantó la mirada desde el sillón. Victoria, que revisaba unos documentos cerca de la ventana, estuvo a punto de intervenir, pero Regina respondió antes.
—Esperar a alguien no garantiza que regrese, aunque nos permite conservarle un lugar mientras los adultos hacen todo lo posible para encontrarlo.
Mathis tocó la manta.
—¿Y si la ponemos aquí y nadie la usa?
—Entonces seguirá siendo una manta, pero prepararla puede ayudarte a imaginar qué ocurrirá después de este momento.
Regina estableció reglas sencillas: cada niño elegiría dos objetos y podría explicar su decisión sin que los demás intentaran corregirla. Mathis aceptó porque conocer los pasos de la actividad le ofrecía una estructura que no dependía de las noticias cambiantes sobre el secuestro.
Escogió el vaso y una tarjeta.
—Puede tener sed cuando regrese y quizá quiera que le hagamos un dibujo.
—Son buenas elecciones —respondió Regina.
Camille observó la bandeja con desconfianza.
—Todo esto parece una forma de fingir que sabemos que estará bien.
Regina no intentó obligarla a participar.
—También puedes elegir algo pensando que quizá no regrese. No necesitas mostrarte optimista para acompañar a Mathis.
La niña se acercó lentamente y tomó el cuaderno.
—Podría necesitar escribir lo que le pasó si no quiere decirlo delante de todos.
Victoria sintió que la explicación revelaba más sobre Camille que sobre Fernanda. La niña comprendía demasiado bien la necesidad de guardar experiencias hasta encontrar un lugar seguro para contarlas.
—Podemos dejarlo cerrado para que nadie lo revise —propuso Regina.
Camille asintió y colocó el cuaderno en la bandeja. Mathis dobló la manta con ayuda de Regina, aunque tuvo que repetir el proceso porque no conseguía dejarla como quería. Ella no perdió la paciencia ni intentó hacerlo en su lugar.
—¿Tú crees que la tía Fernanda va a regresar? —preguntó él.
Regina acomodó un extremo de la manta.
—Creo que muchas personas están buscándola y que la tía Fernanda también está intentando resistir, pero no puedo asegurarte cuándo terminará esto.
Camille se sentó frente a ella.
—¿También tienes miedo?
La pregunta tomó a Regina desprevenida. Años atrás habría respondido con alguna frase destinada a mantener la apariencia de control, porque admitir temor frente a los niños le habría parecido una debilidad.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Hola...
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....