A la mañana siguiente la llamada de la oficina francesa llegó durante el desayuno. Adrián escuchó en silencio, con el teléfono junto al oído, mientras Victoria servía leche a Mathis y Camille discutía con él por una pieza de pan. La escena parecía doméstica, casi tranquila, hasta que Adrián se levantó y se dirigió al estudio sin terminar su café.
Victoria esperó unos minutos antes de seguirlo. Encontró a uno de los abogados conectado a una videollamada y varios documentos abiertos sobre el escritorio.
—¿Qué ocurrió? —preguntó.
Adrián hizo una seña para que cerraran la puerta.
—Las autoridades francesas solicitaron una evaluación complementaria.
—¿Por Élise?
—Por su salida, las acusaciones que hizo y la exposición pública del divorcio. Alegan que necesitan comprobar la estabilidad del hogar antes de aprobar la siguiente etapa.
Victoria sintió que las palabras se acomodaban unas sobre otras hasta formar la amenaza que más temía. No importaba cuánto amara a los niños; bastaba con que algunos adultos hubieran utilizado aquella casa como campo de batalla para que Camille y Mathis pagaran las consecuencias.
—¿Pueden llevárselos?
—No existe una orden —respondió el abogado—. Sin embargo, enviarán a dos evaluadores y revisarán las declaraciones de todo el personal. También pedirán entrevistas individuales con los menores.
Adrián apoyó las manos sobre el escritorio.
—Cooperaremos, pero nadie interrogará a los niños sin apoyo psicológico.
—Podemos solicitarlo —aclaró el abogado—. Lo que no conviene es parecer defensivos.
Victoria volvió la cabeza al escuchar un roce junto a la puerta. Esta no estaba cerrada por completo. Alcanzó a ver el borde del suéter de Camille antes de que la niña corriera por el corredor.
—Creo que Camille escuchó.
La encontraron en su dormitorio, sacando ropa de los cajones y metiéndola en una mochila. Mathis estaba sentado en el suelo, abrazado a su conejo de tela, mientras ella intentaba doblar dos camisetas con movimientos torpes.
—¿Qué haces? —preguntó Victoria.
Camille no se detuvo.
—Tenemos que estar preparados.
—¿Preparados para qué?
—Para cuando vengan. Si nos llevan, no dejaré que manden a Mathis a otro sitio.
El niño levantó la vista. Tenía los ojos humedecidos, pero permanecía callado, como si Camille necesitara que él no aumentara el problema.
Victoria se arrodilló junto a la mochila. Reconoció en la niña una responsabilidad demasiado grande, semejante a la que ella había cargado al aprender que ser fuerte era la única forma de no causar molestias.
—Mírame, Camille.
—Debo guardar sus medicinas.
—Mírame.
La niña obedeció. Su barbilla temblaba.
—No vas a preparar sola una huida ni vas a encargarte de mantenerlos juntos —dijo Victoria—. Esa es responsabilidad de los adultos.
—Los adultos dicen eso y después nos separan.
La acusación no estaba dirigida contra ella, pero le dolió recibirla. Adrián entró y se sentó en el suelo, sin importar el traje que llevaba.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Hola...
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....