Sonia comenzó su ataque sin piedad y, de inmediato, la señora Morales y la señora Lima, que estaban entre la multitud, aprovecharon la oportunidad para respaldarla.
La señora Morales comentó con tono mordaz.
—Para que la señora Ortega sea tan íntima de Beatriz, seguro quiere que su hijo recién divorciado se case con su hija. Pero, si mal no recuerdo, esa tal Amaya todavía no está divorciada. ¡Qué prisa tiene la familia Ortega!
La señora Lima fingió asombro y se llevó una mano al pecho.
—¿De verdad? ¡Santo cielo! Yo siempre creí que la familia Ortega era muy exigente y tenía estándares altísimos. ¡Resulta que recogen cualquier cosa!
Una ola de risitas burlonas se extendió entre los presentes. La señora Lima alzó las cejas, envalentonada por el apoyo del público.
—Con razón su hijo pidió el divorcio tan rápido. Resulta que ya se andaba metiendo con una cualquiera por ahí, jajaja...
—Señora Ortega, usted es una académica respetable, ¿cómo puede permitir que su hijo se revuelque con una mujerzuela? ¡Es el colmo! Con razón no se atrevía a venir a nuestros eventos antes, seguro le daba vergüenza dar la cara.
Otra carcajada general estalló en el salón.
Al escuchar los insultos hacia su madre, Amaya sintió que la sangre le hervía e intentó lanzarse a pelear, pero Beatriz le tiró discretamente de la manga. Con una mirada, le ordenó que se tranquilizara y dejara que Ximena tomara el control de la situación.
Ximena seguía de pie, inmóvil. Sus puños estaban tan apretados que los nudillos se le pusieron blancos y los músculos de su mandíbula estaban tensos.
En el pasado, ser humillada y atacada públicamente de esta forma la habría hecho colapsar de vergüenza e, incluso, habría roto a llorar frente a todos.
Pero ahora las reglas habían cambiado. Paseó su mirada gélida por todas aquellas mujeres acostumbradas a una vida de lujos y privilegios, hasta fijarla en la señora Lima.
Antes de que alguien pudiera parpadear, Ximena dio un paso al frente y ¡le cruzó la cara a la señora Lima con una bofetada fulminante!
El salón entero quedó sumido en un silencio sepulcral, donde solo se escuchaba la respiración de los invitados.
Nadie podía creer que Ximena, famosa por su refinamiento y educación, acabara de golpear a alguien en público. Todos quedaron petrificados.
—¿Una cualquiera? —Ximena sonrió de medio lado, mirando a la señora Lima con falsa sorpresa—. ¿Con qué ojos viste tú a mi hijo meterse con una cualquiera? Más te vale que tengas pruebas de lo que dices, porque si no, te juro que hoy mismo acabo contigo.

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