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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 393

Diego Muñoz regresó a Villa Jardín del Edén. En la mesa de centro había un sobre.

Extrañado, le preguntó a la señora de servicio:

—Eva, ¿qué es esto?

—Parece que llegó del juzgado —respondió Eva—. No sé qué sea. Revíselo usted, señor.

¿Del juzgado?

Diego abrió el documento y las palabras "demanda de divorcio" lo golpearon como un balde de agua fría, oscureciendo su visión.

Le temblaban las manos y las sienes le latían con fuerza. La duda que sentía hacía un momento se convirtió de golpe en pura dureza.

¡Perfecto!

¡Simplemente perfecto!

Amaya tenía tanto miedo de no poder divorciarse que había hecho que Marcos Torres interpusiera una demanda formal, como si quisiera ponerle un seguro doble al asunto.

¿Tan desesperada estaba por divorciarse, tan ansiosa por alejarse de él?

¿Qué había hecho tan mal?

Diego apretó los puños con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. Un dolor sordo se instaló en su pecho, aumentando su irritación al máximo.

Se levantó con la intención de tomar aire fresco en el patio trasero. Mientras caminaba, su mirada se detuvo en el Árbol de la Seda, plantado en la esquina noroeste.

Era el árbol que Amaya había mandado a plantar cuando recién se mudaron a Villa Jardín del Edén.

Poco después de sembrarlo, unos pajaritos habían hecho su nido allí.

Eva solía decir sonriendo que era un buen augurio, que significaba que él y Amaya tendrían un matrimonio largo y feliz.

Y ahora... mientras los pájaros seguían teniendo crías, él y Amaya estaban a punto de destruirlo todo.

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