El colapso de Diego fue producto de la furia absoluta que le provocaron las palabras de Romeo.
Se desmayó porque apenas había probado bocado en los últimos días, su cuerpo estaba débil, y la adrenalina de golpear a Romeo consumió sus últimas reservas de energía, provocándole una breve insuficiencia de flujo sanguíneo al cerebro.
Los médicos corrieron a canalizarlo nuevamente, le administraron suero y le hicieron varios estudios.
Mucho tiempo después, despertó lentamente. Con la vista fija en el techo, sintió que el dolor sordo en su pecho seguía ahí, asfixiándolo sin darle tregua.
Los recuerdos de su vida pasaron por su mente como una película en cámara rápida, mostrándole cada etapa de su crecimiento.
Siempre había sido el hijo de oro, el centro de atención, el ejemplo de perfección para todos.
En sus estudios, en los negocios, en las competencias, siempre era el primero. El orgullo y la ambición estaban grabados en su ADN.
Pero solo él sabía que, sobre su cabeza, siempre había existido un techo inalcanzable: Romeo Ortega.
Romeo había sido su mejor amigo, pero también su mayor complejo.
El éxito de Diego era el resultado de una disciplina férrea y un esfuerzo sobrehumano; en cambio, el talento de Romeo parecía un regalo de los dioses.
Lo que a él le costaba sangre, sudor y lágrimas alcanzar, Romeo lo lograba casi sin despeinarse.
Habían crecido juntos, siempre siendo comparados por sus familias y por la alta sociedad.
Diego nunca había perdido contra Romeo en nada, pero mantener ese invicto le había costado hasta la última gota de energía.
¿Y Romeo?
Él siempre actuaba tan relajado, tan dueño de la situación, logrando la excelencia con una facilidad que resultaba insultante para los demás.
Ahora, el matrimonio de Diego estaba al borde de la destrucción total. La palabra divorcio pendía sobre su cabeza como una guillotina.
Y Romeo, sin siquiera esperar a que se firmaran los papeles, le acababa de declarar la guerra de frente.
Jamás imaginó que, después de pasar toda su vida compitiendo en el mundo empresarial, terminaría peleando contra él por el amor de una mujer.

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