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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 304

—¿Dónde están las pruebas, Romeo? ¿No decías que tenías evidencia? ¡Muéstralas!

Romeo frunció el ceño, su expresión se volvió dura:

—Prefieres seguir creyéndole a ella antes que a Amaya y a mí, ¿verdad?

Diego apretó los puños, con la ira brotando de sus ojos:

—Yo solo creo en los hechos que veo con mis propios ojos.

La mirada de Romeo se enfrió:

—De acuerdo. No tengo nada más que hablar contigo.

Era evidente que Diego iba a proteger a Vera pasara lo que pasara, y al estar en territorio de la familia Muñoz, Romeo decidió que no valía la pena quedarse. Dio media vuelta para marcharse.

Pero en ese preciso instante, Diego se abalanzó sobre él y le asestó un brutal puñetazo en el hombro derecho.

—¡Te revuelcas con mi esposa en mis narices, irrumpes en mi habitación como si nada, difamas a mi prima... y crees que puedes irte tan tranquilo! ¡Ni lo sueñes!

—¡Hoy vamos a ajustar todas las cuentas, las viejas y las nuevas!

—¡Te consideraba mi hermano, y te dedicaste a apuñalarme por la espalda!

—¡Ya me cansé de soportarte, Romeo!

Tomado por sorpresa, Romeo fue arrojado al suelo, y Diego se le echó encima, soltando una lluvia de golpes sobre su rostro.

Cada impacto estaba cargado de un resentimiento ciego, rápido y devastador, que aturdió a Romeo al punto de no poder abrir los ojos.

Justo cuando Romeo intentó defenderse, Vera corrió hacia la puerta y empezó a gritar llamando a los guardaespaldas.

Dos hombres robustos entraron corriendo y sometieron a Romeo por los brazos y las piernas. Inmovilizado, tuvo que soportar los puñetazos de Diego sin poder hacer nada.

Solo cuando un hilo de sangre empezó a escurrir por la comisura de los labios de Romeo, Vera, temiendo las consecuencias legales, gritó aterrorizada:

—¡Diego, detente! ¡Lo vas a matar! ¡La familia Ortega nos destruirá si le pasa algo!

Las palabras parecieron devolverle a Diego un rastro de cordura. Soltó los puños, se puso de pie y miró con desdén al magullado Romeo.

—Te lo advierto, Romeo. Aléjate de Amaya.

—Si me entero de que sigues rondándola, te juro que te haré pedazos.

—La familia Ortega tiene poder, pero el Grupo Muñoz no es un rival que puedan pisotear. ¡Si quieres guerra, adelante!

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