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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 163

Al escuchar esa voz, el cuerpo de Josefa tembló instintivamente.

Al voltear, vio a Rubén parado en la entrada de la habitación, vestido con un traje deportivo color negro.

Rubén medía un metro ochenta y, gracias a su costumbre de hacer ejercicio, mantenía una buena complexión. Tanto por su figura como por su apariencia, destacaba bastante entre los hombres de su edad.

Diego se parecía muchísimo a él. Cuando estaban juntos, era innegable que eran padre e hijo.

Desde hacía algunos años, después de cederle a Diego el manejo del negocio principal del Grupo Muñoz en Arbolada, Rubén pasaba la mayor parte de su tiempo en Clarosol. Allí se encargaba de algunas operaciones secundarias y de los activos fijos del corporativo, llevando una vida de semi-retiro.

Sin embargo, seguía teniendo una autoridad indiscutible dentro de la familia Muñoz. A fin de cuentas, mantenía un control estricto sobre más de la mitad de los bienes familiares, sin habérselos traspasado por completo a Diego.

Josefa siempre había sentido una mezcla de respeto y miedo hacia su esposo.

Rubén era un perfeccionista absoluto. Exigía demasiado en casi todo y tenía la costumbre de ser muy crítico. Con el paso de los años, esa actitud siempre provocaba en Josefa una enorme sensación de presión.

—Viejo, ¿tú... tú también piensas eso de mí? —preguntó.

Josefa bajó la mirada; su tono de voz fue titubeante y lleno de resentimiento.

Rubén caminó hacia la cama con las manos en la espalda.

En los pocos días que llevaba en Arbolada, ya se había enterado a grandes rasgos de todos los escándalos que habían sucedido últimamente.

No le interesaban mucho los típicos chismes entre mujeres, pero al analizar la situación completa, entendía perfectamente qué estaba pasando.

Cierto era que su nuera, quien andaba en boca de todos, había actuado de una manera extrema y muy grosera, dejando en ridículo a todos.

Pero la manera en que Josefa y Diego habían reaccionado al nacimiento de la niña había sido pésima, faltando por completo a los principios y a la dignidad de la familia.

Rubén puso un semblante severo:

—Sea como sea, Amaya trajo al mundo a la nueva generación de los Muñoz. Independientemente de si fue niño o niña, era tu deber como suegra estar al pendiente. Es algo de pura decencia humana.

Capítulo 163 1

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