Leonor guardaba todos esos videos en su celular. Cuando tenía un rato libre, los ponía para verlos y siempre terminaba con una sonrisa en el rostro.
Al final de cuentas, era su propia sobrina y la sangre llama...
Josefa, que al principio estaba fúrica, hizo el amago instintivo de empujar el celular de Leonor para no mirar ni un segundo más.
Justo en ese instante, Renata sonrió en la pantalla. Esa sonrisa de angelito fue tan contagiosa que la mirada de Josefa se quedó clavada en ella, incapaz de apartar la vista.
Y la mano que estaba a punto de apartar el teléfono cayó a un lado.
Se quedó mirando la pantalla en silencio por más de un minuto. Desde que Renata había nacido, esta era la primera vez que ella, en su papel de abuela, veía con claridad la carita de su nieta.
La niña era tan bonita como una muñeca, era imposible no sentir ternura al verla.
El resentimiento tan arraigado en el corazón de Josefa pareció derretirse un poco después de ver esa grabación.
—¿De dónde sacaste eso? ¿Fuiste a ver a esa pequeña bas...? Digo, ¿a la bebé? —preguntó.
Josefa se frenó en seco y cambió sus palabras de golpe. Leonor tenía razón, por más coraje que tuviera, al final del día se trataba de su propia nieta.
Leonor guardó su celular:
—Amaya le tiene un odio tremendo a toda la familia, ¿crees que me dejaría verla en persona? El video lo conseguí por mis propios medios, tú no te preocupes por eso.
—Solo te voy a hacer una pregunta, mamá. Lo que hicieron mi tía Sonia y Vera, ¿de verdad no te parece que se pasaron de la raya? Siempre te portaste increíble con ellas, y así es como te pagan.
Josefa se llevó las manos a la cabeza; sus ojos echaban chispas de la rabia:
—¡Claro que me da coraje! ¡Nunca imaginé que mi propia hermana me estuviera ocultando cosas a mis espaldas y viéndome la cara, después de que yo les di todo sin pensarlo!


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Adiós a la Esposa Perfecta