Al escuchar a Leonor, Diego sintió que el gran peso que llevaba sobre los hombros se aligeraba de golpe.
Durante todo este tiempo había enfrentado y cargado él solo con todos los conflictos; la verdad es que ya no aguantaba más... Manejar los negocios internacionales del corporativo no era tan cansado como lidiar con los problemas de la familia.
Ahora entendía a la perfección el tremendo daño que causaba no tener paz en su propia casa.
Y sobre todo, se arrepentía muchísimo de haber descuidado e ignorado a Amaya en el pasado.
Había sido él quien, con sus propias manos, empujó a una mujer tan comprensiva y razonable a convertirse en alguien dispuesta a destruir todo a su paso, sin importarle nada.
—Leonor, qué bueno que lo veas así —dijo Diego.
—Si puedes ayudarme a calmar las cosas, a evitar que Amaya se divorcie de mí y a que regrese con Reni para que estemos bien, te prometo que cederé a tu favor en muchas de las decisiones de la empresa de ahora en adelante.
Diego le tomó las manos a su hermana con mucho agradecimiento, abrumado por una mezcla de emociones.
Leonor lo miró fijamente:
—Siempre y cuando mamá le ponga un alto a Vera, y tú te mantengas alejado de ella, creo que existe la posibilidad de que Amaya... quiera seguir contigo. Al fin y al cabo, ya tienen una hija juntos.
—Si de verdad no quieres divorciarte, tienes que aclarar tu mente desde ahorita. Busca la manera de compensarlas a las dos y toma distancia de Vera.
—A mi parecer, el noventa y nueve por ciento de la culpa de que nuestra familia esté tan mal no es del carácter de Amaya, sino de que tú y mamá no saben poner límites y siempre se ponen del lado de Vera.
Tras decir esas palabras en un tono frío, Leonor se dio la vuelta y entró a la habitación de Josefa.
Diego se quedó de pie, paralizado. Fue como si le hubieran dado un balazo en la cabeza; le zumbaban los oídos, pero al mismo tiempo sintió que le caía el veinte y su mente se aclaraba de golpe.
Antes, Romeo le había dicho algo parecido, e incluso Camilo también, pero no había querido escuchar ni una sola palabra.
Hasta ese momento, no entendía qué había hecho tan mal para que Amaya se pusiera en ese plan. Pero con el análisis tan directo de Leonor y sumándolo a todo lo que Amaya había hecho, de pronto se dio cuenta de que... en efecto, esa era la realidad.
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