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9 Vidas Perdidas: Ahora te toca suplicar romance Capítulo 72

Javier era uno de los abogados corporativos más prestigiosos de Nueva Alborada, por lo que su acceso a la información confidencial de las grandes empresas era insuperable.

Con el ceño fruncido, continuó hablando.

—¿Acaso Cristian no estaba perdidamente enamorado de Isabella Serna? ¿Por qué se casó con Zoa y ahora anda de romance con una bailarina?

—¿Amor? —Los ojos de Rio se oscurecieron, fríos como el hielo—. ¿Crees que existe el amor en la familia Quintero?

Javier asintió, comprendiendo la indirecta al instante.

—Investigaré a fondo el pasado de esa tal Sheena. Ten mucho cuidado, presiento que este Rito de los Ancestros será un campo de batalla.

—Hay demasiada gente que no quería que yo regresara, es natural que no haya paz —respondió Rio con absoluta calma.

Javier lo observó por un segundo y luego sonrió de lado.

—Por cierto, descubrí algo más. Jamás imaginé que tu cuñadita fuera tan apasionada. Me dijeron que fue amor a primera vista con Cristian, que a la segunda se enamoró perdidamente y a la tercera le entregó su vida entera... ¡Ay, ay, quema! ¿Qué diablos haces?

Javier sacudió la mano desesperadamente.

El rostro de Rio no mostró ni una sola emoción.

—Hablas demasiado. Te serví más té para que te aclares la garganta.

—Tú... no me digas que tú...

—No. Tómatelo en silencio.

Dicho esto, Rio se puso de pie y caminó hacia la salida.

Antes de cruzar la puerta, miró a Mateo, quien vigilaba la entrada.

—Dile a alguien que cambie el cuenco de la fuente de los deseos por uno mucho más grande.

—¿Eh? ¿Ah? Entendido, señor.

Mateo asintió, visiblemente confundido.

Javier se asomó por la ventana, incrédulo.

—¿En serio se preocupa por esas tonterías?

Mateo forzó una sonrisa tensa.

—Empezó a preocuparse justo hoy.

Mientras hablaban, una sombra pasó caminando por el patio.

Javier agitó la mano con entusiasmo.

—¡Julián! ¡Cuánto tiempo sin verte!

Abajo, Julián mantuvo su rostro estoico, deseando tener ruedas en los pies para salir huyendo a toda velocidad.

—¡Oye, oye! ¿Por qué sales corriendo?

—Si siempre te burlas de él, ¿qué esperabas? —murmuró Mateo, entrecerrando los ojos mientras veía a Julián desaparecer.

...

Por otro lado, Zoa había llegado a la habitación de invitados para ver a Doña Leonora.

La mujer le ordenó que copiara unas escrituras sagradas para quemarlas como ofrenda a los ancestros al día siguiente.

Pero curiosamente, las escrituras estaban en La Gran Biblioteca.

Capítulo 72 1

Capítulo 72 2

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