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9 Vidas Perdidas: Ahora te toca suplicar romance Capítulo 70

Isabella asintió con una sonrisa complacida. Jaló de la corbata de Cristian con un movimiento coqueto y le susurró con una voz increíblemente dulce.

—Entonces tú, que eres mi mayor premio y gloria, ¿te quedarías conmigo esta noche?

Cristian la miró, pero por alguna razón inexplicable, al verla seduciéndolo, la imagen del rostro de Zoa irrumpió en su mente.

A ella le aterraban los lugares oscuros y sentía fobia por todo lo relacionado con fantasmas y espíritus.

Para este momento, ya debía estar al borde de la locura y debía haberle enviado docenas de mensajes llorando y suplicando perdón por su arrogancia en la entrevista.

Por eso había puesto su teléfono en silencio a propósito; quería hacerla sufrir y agonizar un buen rato para que aprendiera a respetarlo.

Después de dudar un par de segundos, Cristian decidió que por hoy le perdonaría la vida, iría a abrirle la puerta y la dejaría salir de su castigo.

Pero al sacar su teléfono para revisar, vio que el último mensaje de ella era de hacía más de dos semanas.

Apretó el teléfono en su mano hasta que sus nudillos se pusieron blancos. Bien, muy bien. A ver cuánto tiempo aguantaba jugando a ser fuerte.

Cristian bajó la mirada con una sonrisa arrogante y le respondió a Isabella.

—De acuerdo, me quedo esta noche contigo.

...

En el Oratorio del Silencio.

—¡Hic!

Zoa se tapó la boca de inmediato, muerta de la vergüenza por el hipo.

—No sabía que nuestro chef preparaba comida tan espectacular.

—Los hice yo.

Rio bajó la mirada mientras encendía un incienso con elegancia. Su voz era tan suave e inalterable como el humo que se elevaba en el aire.

Zoa parpadeó sorprendida, mirando el tazón vacío en sus manos con una expresión exagerada de miedo y asombro.

—Rio, ¿me va a caer un castigo divino del cielo por haberme comido unos fideos preparados por alguien tan respetado como tú?

—Con el hambre de lobo que tenías, ni siquiera te importó comerte las ofrendas destinadas a los muertos, ¿y ahora te asusta esto?

Al decir eso, Rio detuvo su movimiento con el incienso.

Se dio cuenta de que ella solo estaba bromeando con él y tratando de aligerar el ambiente.

Él siempre era el hombre más calculador y alerta del mundo, y de alguna manera, acababa de caer en su pequeño juego. No pudo evitar curvar levemente los labios en una media sonrisa.

Zoa inclinó la cabeza para mirarlo mejor.

—Rio, ¿estás sonriendo?

Rio recuperó su semblante impenetrable y se sacudió la ceniza del incienso de las mangas con total compostura.

—No.

—Bueno, no te molesto más en tus rezos. Ya me voy.

Zoa frunció los labios y se levantó rápido del suelo.

Justo cuando estaba por cruzar la enorme puerta de madera, Rio la llamó.

—Zoa Serna.

—¿Sí?

Capítulo 70 1

Capítulo 70 2

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