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Venganza Reencarnada de la Rica Heredera romance Capítulo 1198

Rafaela soltó una risa sarcástica y lo miró.

—Son solo unas fotos. ¿Desde cuándo te importan tanto estas formalidades?

—Las fotos viejas están guardadas en los archivos, solo usen esas y ya.

—En lugar de perder el tiempo en cosas inútiles, deberías ocuparte de asuntos más importantes.

Rafaela apartó la mirada de él.

—Me casé contigo únicamente por la empresa. No te metas tanto en el papel, Liberto. Deja de gastar tanta energía en mí. No te amo, no voy a desperdiciar mi tiempo ni mi esfuerzo posando para unas fotos tan aburridas contigo.

—¡Ya fue suficiente!

Haber aguantado toda una ronda de fotos ya era demasiado honor para él.

Liberto la llamó, con un tono de frustración:

—Rafaela...

Ella lo ignoró por completo y salió del camerino sin mirar atrás.

Un miembro del equipo se acercó nervioso.

—Sr. Padilla, ¿continuamos con el resto de la sesión?

—Cancelen todo.

Rafaela, al escuchar la orden, se marchó con total indiferencia.

De regreso, el silencio inundó el interior del auto. Ante la densa incomodidad, Rafaela encendió la radio y puso música suave.

Eran las cinco y media de la tarde, la hora pico. Las calles estaban repletas de tráfico.

El ambiente silencioso seguía siendo insoportable. Los dos habían caído de nuevo en un punto muerto, en otra de sus habituales guerras frías.

El sistema Bluetooth del auto indicó una llamada entrante. Al ver el número desconocido en la pantalla, Liberto se puso el auricular inalámbrico y contestó.

—¿Qué pasa? Habla.

Rafaela, como si fuera a propósito, subió el volumen de la música.

Liberto ni siquiera podía escuchar a la persona al otro lado de la línea.

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