Rafaela corrió a levantarlo del suelo y pulsó el timbre de emergencias. Cuando la enfermera llegó a toda prisa, Rafaela la increpó a gritos.
—Con lo que cuesta esta habitación privada al día, ¿así cuidas a tus pacientes?
—Si el paciente se cae de la cama y le pasa algo grave, ¡con tu sueldito de enfermera jamás podrás pagar los daños!
La enfermera le ofreció múltiples disculpas inclinando la cabeza, con los ojos enrojecidos.
—Lo siento, lo siento mucho... Srta. Rafaela, fue un descuido de mi parte, por favor, no se enfade, no puedo perder este trabajo. La Sra. Arias me indicó que el Sr. Arias necesitaba descansar sin interrupciones a esta hora, así que... no me atreví a molestarlo. Lo lamento de verdad. No volverá a suceder.
La voz dulce de Miguel intervino lentamente:
—Basta, no te enojes. Estoy bien.
—Puedes retirarte —le dijo a la enfermera.
—Lo siento, Sr. Arias. —La enfermera salió de la habitación rápidamente.
Rafaela ya se había dado cuenta de que, cada vez que iba, Carolina creaba excusas para dejarla a solas con Miguel. Era por eso que casi nunca la veía.
En ese momento, Carolina apareció en la entrada. Vestía un elegante vestido verde, con el cabello recogido y dos mechones ondulados enmarcando su rostro, sosteniendo un bolso con perlas. Le sonrió suavemente a Rafaela antes de posar la mirada en el hombre sobre la cama, sus ojos denotando una leve tristeza.
—No malinterpretes mi presencia. Solo vine a entregar los papeles del divorcio.
Carolina sacó un documento de su bolso y lo dejó sobre una pequeña mesa cerca de la puerta.
—Espero que puedan volver a empezar y ser felices juntos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Venganza Reencarnada de la Rica Heredera
Excelente novela...