Liberto tomó un pedazo de fruta de la mesa y se lo llevó a los labios.
—¿Qué quieres pedir para comer?
Desde que Vanessa ingresó al hospital, Liberto no había ido a visitarla. Ya tenía todo planeado: en cuanto se estabilizara, la mandaría a una isla privada en Francia para que viviera allí su retiro definitivo.
—Lo que sea —Rafaela sintió una fina capa de sudor en su frente; el apetito se le había esfumado.
El mesero le entregó el menú, y Rafaela eligió un par de platillos al azar. Mientras esperaban en el reservado, Liberto siguió mostrándole cómo contar las cartas en un parpadeo, cómo barajarlas a su favor y el arte de cambiarlas sin que nadie se diera cuenta...
Para entretenerse a puerta cerrada, esos trucos estaban muy bien. Pero si tuviera que aplicar esas artimañas sucias en un casino de verdad...
Ella ni de broma poseía los nervios de acero de Liberto. Con solo recordar las masacres que presenció de niña, se le erizaba la piel.
Al fin y al cabo, una princesa de cuna de oro como ella era ajena a los ríos de sangre que corrían en el bajo mundo...
Pero en el infierno en el que Liberto se crio, los cadáveres eran parte del paisaje.
A Rafaela le fastidiaba soberanamente que interrumpieran sus comidas por asuntos de negocios. Cuando el personal a cargo de los arreglos nupciales acudió a buscarlos, Liberto se levantó y se dirigió a la habitación contigua...
Para colmo, Joaquín también había ido a buscar a Liberto con unos documentos urgentes. Se trataba de unos contratos para el Grupo Huerta. Los directivos de esa empresa exigían que Liberto firmara personalmente. Cuando Joaquín intentó ocupar su puesto de forma interina, se dio cuenta de que esa carga de trabajo era una completa tortura, inhumana en todos los sentidos.
—Sr. Liberto, le ruego que retome el mando cuanto antes. Prefiero mil veces seguir siendo su simple asistente.
Liberto le echó un vistazo a los documentos y soltó una carcajada.
—¿Qué pasa? ¿Sientes que el puesto te queda grande? Si ya no das más, puedo hablar con el Sr. Fernández para que ponga a otro en tu lugar.
Joaquín bajó la mirada con respeto.
—No es eso. Es solo que prefiero trabajar bajo sus órdenes directas.
—¿Acaso no es eso lo que estás haciendo ahora? —respondió Liberto.
—Y lo estás haciendo de maravilla.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Venganza Reencarnada de la Rica Heredera
Excelente novela...