CAPÍTULO 8. Una advertencia peligrosa
Lauren sentía la sangre latiéndole en las sienes.
El hombre frente a ella estaba en el tope de la cadena alimenticia, podía adivinarlo solo por el traje a medida, los modales impecables y el maldito Rolex de edición limitada en su muñeca. La pregunta era: ¿Qué hacía un superdepredador como él en un tanque de pececitos?
—Mark —declaró con voz ronca y ella pasó saliva.
—Lauren.
Ninguno dijo su apellido, como si el anonimato estuviera implícito.
—¿Siempre hablas así de claro con desconocidos... Lauren? —preguntó él saboreando su nombre con una sonrisa capaz de mojarle las bragas a un convento—. ¿O esta noche es especial?
Y Lauren contuvo el aliento mientras cruzaba las piernas, porque algo entre ellas de repente estaba demasiado húmedo solo con aquella voz ronca.
—Supongo que cuando una se ha callado por demasiado tiempo, las cosas acaban estallándonos en la lengua.
Mark tomó un sorbo sin apartar los ojos de los suyos.
—Entiendo. Pero antes de que me ofrezca en sacrificio para que te quedes con mi material genético, dime: ¿Odias a los hombres?
La pregunta la tomó desprevenida.
—No, claro que no —suspiró Lauren poniendo los ojos en blanco—. Simplemente no tengo ganas de volver a amar a ninguno, en ningún momento cercano.
Mark alzó una ceja divertida.
—Burnout emocional. Algún idiota te llevó al límite, estás cansada y ahora solo quieres…
—Un bebé —dijo Lauren sin rodeos—. Solo quiero ser madre, no me alcanza para la fertilización in vitro así que… aquí estoy, buscando un donante anónimo lo más… eficiente posible.
Mark achicó los ojos, como si le resultara extraña aquella naturalidad feroz con que ella decía lo que quería. Era hermosa, eso era indudable, pero debajo de toda aquella belleza se podía notar el agotamiento de una mujer que ya se había cansado de hacer las cosas a la manera de otros.
—Interesante —sonrió, pero la sonrisa se le fue en cuanto la vio inclinarse hacia adelante.
—Quizás alguien como tú podría encajar en lo que estoy buscando.
—¿Alguien como yo? —preguntó Mark y Lauren ni siquiera lo suavizó.
—Gay.
El efecto fue inmediato: Mark se atragantó con el bourbon extra caro y tosió con fuerza, levantando los ojos hacia ella como si estuviera a punto de estrangularla.
—¿Perdón? —siseó entre dientes—. ¿Por qué exactamente crees que soy gay?
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