—Estoy dispuesta a hacer todo lo que haga falta —sentenció Lauren y el contrato apareció de inmediato.
Ella lo leyó de una punta a la otra y firmó como si acabara de agarrarse a una tabla en medio del naufragio.
Luego todo fue una vorágine de entrega de trabajo y cuando llegó al departamento de Ava, no le cabían las cosas en las manos, pero estaba más feliz que nunca en los últimos ocho años.
—¡LO LOGRASTE! —Ava soltó un grito ahogado y la abrazó.
Y Lauren rio por primera vez en semanas sin que le doliera el pecho.
—Lo logré…
—¡Pues esto hay que celebrarlo! Nos ponemos bonitas, sacamos los vestidos levanta—braguetas y…
—¡Solo vamos a comer…!
—¡Carne! ¡Vamos a comer carrrrne! —aseguró Ava y se encargó de que Lauren esa noche se pusiera un vestido negro que habría hecho babear a una procesión de caracoles.
Cabello suelto, labios rojos y un taxi derechito a un restaurante pequeño, cálido y delicioso.
—Ahora sí, dime cuáles son los próximos planes, y sobre todo dime que no te llevarán lejos de mí —comenzó Ava y Lauren dejó escapar un suspiro.
—Un poco lejos, sí —respondió—. Esto va a cambiarlo todo, Ava. Podré trabajar tranquila desde casa… pero necesito economizar en la renta si quiero cumplir el resto de mis sueños. Así que me mudaré fuera de la ciudad, quizás a Palmdale o a Lancaster.
—¡Eso está a una hora de aquí! —se quejó su amiga.
—Lo sé, pero esa es la ventaja del trabajo remoto. Solo tendré que venir a la empresa una vez por semana; y con lo que ahorre, podré empezar a pensar en serio en ser mamá —dijo Lauren pensativa—. El problema es que ya no sé si quiero un hombre involucrado en eso.
—¡Uy! ¿Vas a esperar al Espíritu Santo? —la increpó Ava levantando una ceja divertida.
—No digas babosadas —rio ella—. Lo que quiero decir… es que fueron demasiados años de decepción. No tengo energía para empezar una relación desde cero, pasar por otro noviazgo, construir confianza… esperar que llegue a un matrimonio y luego más tiempo a que sea sólido como para buscar hijos… ¿cuándo va a ser eso? ¿Cuando tenga cuarenta? Además, después de todo lo que pasó… sé que me daría terror recibirle a un hombre hasta un vaso de agua.
Lauren se agitó el cabello con un gesto de frustración.
—¿Has oído la frase esa de que se te está pasando el arroz? ¡Bueno, el mío ya se quemó, porque no quiero volver a pasar por todo eso!
—Pues tampoco es un problema. Digo, hay otras opciones —comentó Ava encogiéndose de hombros—. ¿Has pensado en la fertilización in vitro?



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