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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 1205

A un lado del escenario.

Los ocho miembros del equipo, incluido Santiago, que acababan de guardar su trofeo y se preparaban para regresar a sus asientos, se detuvieron y miraron hacia arriba, hacia la deslumbrante joven oriental en el escenario.

Al escuchar los sinceros agradecimientos que salían de su boca, los ocho genios de diferentes países mostraron, sin embargo, expresiones de... culpabilidad o incluso vergüenza.

Santiago se frotó la nariz y murmuró un poco avergonzado:

—Dios es testigo, ¿de verdad ayudamos tanto?

Harlene se tapó la cara y rio:

—No digas nada, que me pongo roja de solo escucharla.

—Qué es eso de que la acompañábamos a repasar; la verdad es que nosotros caíamos muertos de sueño y nos íbamos a dormir, mientras ella se quedaba sola en el laboratorio toda la noche.

—Sí, en mi vida había visto a un ser humano tan aterrador.

Otro doctor negro añadió aún impresionado:

—¿Se acuerdan del mes pasado?

—¡Para solucionar el problema de latencia en la transmisión neuronal, ella vivió en el laboratorio por dos semanas enteras!

—Cada vez que yo entraba en la mañana con mi café, la veía todavía sentada ahí, con los ojos llenos de venitas rojas, pero con la energía de un robot recién cargado; era demasiado intensa.

Para ellos, los investigadores occidentales, el trabajo era el trabajo y la vida era la vida.

Ocho horas al día era el límite; un minuto más era una falta de respeto hacia Dios.

Después del trabajo, uno debía ir al bar, de fiesta, a disfrutar de la vida.

Pero desde que Karina Leyva llegó al laboratorio, esta chica oriental de aspecto delicado había roto por completo la visión que ellos tenían del mundo.

Era como si no conociera el cansancio.

Ese amor y dedicación casi obsesivos por la investigación, esa fiereza de poder pasar varias noches sin dormir por un solo dato, hacía que hasta ellos, que se consideraban la élite, sintieran un profundo escalofrío.

Y era precisamente por eso que les agradaba.

No solo por su belleza, sino porque era una verdadera científica nata.

Pertenecía al laboratorio.

Y justo cuando Karina Leyva dijo sus últimas palabras de agradecimiento, e hizo una leve reverencia preparándose para bajar del escenario...

Antes de que los aplausos del público pudieran siquiera empezar a sonar...

El viejo profesor estaba sentado no muy lejos de Mónica.

Aunque Mónica y el Profesor Coronado no habían hablado muy alto sobre las operaciones del capital, él lo escuchó e incluso se lo tomó muy en serio.

Su nombre era Marcus Winter y era una de las figuras más eminentes en el campo de la IA.

Lo que más odiaba en la vida era el fraude académico y la interferencia del capital en la investigación científica.

Para él, la ciencia era un santuario sagrado y no toleraba ningún tipo de falsificación.

Si esta bonita muñeca oriental realmente había comprado el premio con dinero, ¡entonces él estaba dispuesto a arriesgar su reputación para desenmascararla en público!

¡No podía permitir que algo tan sucio manchara la justicia de la gala de IA!

Se ajustó las gafas; su mirada era cortante y su tono aún más agresivo:

—Según tengo entendido, el algoritmo de mapeo neuronal multidimensional que utiliza Sincronía 2.0 es el problema más complejo de la industria actual; muchos de los mejores equipos tardan entre tres y cinco años y no logran resolverlo.

—Usted, una joven que apenas pasa de los veinte años, y que ni siquiera tiene su título de doctorado, ¿dice que lo logró de forma independiente?

—¿Acaso cree que nosotros los viejos somos idiotas? ¿O es que el capital que la respalda le ha dado la audacia de ignorar el sentido común?

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