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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 1317

Lázaro señaló a Olivia, cuyo rostro ya estaba poniéndose morado por la falta de aire, y habló con un tono despectivo:

—Esta mujer, para que te enteres, no es la esposa de Sebastián Estévez.

—Todo lo contrario. Es la persona que él más odia en este mundo, y la que más desea verlo muerto.

Evidentemente incrédulo, el terrorista gritó: —¡Es mentira! ¡Imposible! Si no lo amara, ¿por qué carajos lleva días enteros cuidándolo sin dormir?

Lázaro se encogió de hombros con una expresión de 'qué ingenuo eres'.

—Pues porque ella, más que tú, quiere asegurarse de que Sebastián muera sufriendo lejos de su país.

Hizo una pausa y adoptó un tono de total seriedad:

—Si no me crees, revísale el bolsillo derecho. Ahí tiene un frasco con una neurotoxina de alta concentración.

—Ha estado buscando la manera de acercarse a Sebastián únicamente para inyectársela. Quiere matarlo sin dejar rastro.

—A fin de cuentas, la única forma de cobrar su venganza es viéndolo muerto. Sus objetivos, amigo mío, son exactamente los mismos.

Toda esa explicación tenía una lógica impecable. Sonaba increíblemente coherente.

Tanto así, que la propia Olivia casi se creyó la historia.

Aunque no tenía idea de qué intentaba hacer Lázaro, fue lo bastante astuta para fingir una expresión de terror, como si la hubieran descubierto.

La locura en los ojos del terrorista comenzó a dar paso a la duda.

El ser humano es desconfiado por naturaleza.

Si esa mujer de verdad estaba ahí para asesinar a Sebastián, entonces tomarla de rehén para amenazarlo... ¡era una maldita broma!

La mirada del atacante iba de Lázaro a Olivia una y otra vez.

Finalmente, la codicia y la paranoia le ganaron a la razón. Sin pensarlo mucho, soltó la mano que apretaba el detonador y la dirigió hacia el bolsillo derecho de Olivia.

En ese preciso instante.

Lázaro no dudó ni una fracción de segundo.

—¡Bang!

Levantó el brazo y jaló el gatillo con una velocidad fulminante.

La bala rasgó el aire y perforó exactamente el centro de la frente del terrorista.

El hombre ni siquiera tuvo tiempo de emitir un grito. Su cuerpo se desplomó rígidamente hacia atrás.

En el mismo segundo que el cadáver caía, Lázaro salió disparado hacia el frente.

Con una mano atrapó a Olivia, que estuvo a punto de ser arrastrada por el peso del hombre, y con la otra agarró la muñeca del terrorista, que aún no terminaba de caer.

Todo esto para evitar que un reflejo muscular detonara los explosivos.

Al mismo tiempo, le rugió a la unidad antiexplosivos, que aún estaba paralizada a sus espaldas:

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