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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 1200

Este campo era considerado la próxima llave para la evolución humana, por lo que tenía un peso inmenso.

La voz del presentador también se volvió solemne:

—A continuación, entregaremos uno de los premios más importantes de este año: el Premio a la Contribución Excepcional en Interfaces Cerebro-Computadora.

—Hay tres equipos nominados, y ellos son...

La pantalla gigante comenzó a reproducir los videos de presentación de los equipos nominados.

Los dos primeros eran laboratorios veteranos de renombre internacional, cuya fuerza no podía subestimarse.

Finalmente, la pantalla gigante mostró imágenes del equipo de Santiago.

Eran escenas de innumerables noches en vela, comiendo sándwiches en el laboratorio, junto con códigos y modelos densamente agrupados.

El presentador acompañó lentamente el video, leyendo los nombres de los miembros:

—Miembros del equipo: Santiago Blanco, Harlene Smith...

Por último, el presentador leyó el nombre de Karina Leyva:

—... ¡Karina Leyva!

En la pantalla gigante, el nombre quedó claramente congelado.

—Karina Leyva.

Este momento, sin embargo, estalló como una bomba de profundidad en el equipo de Bárbara Olmos.

Laura miró la pantalla con los ojos a punto de salirse de las órbitas, su rostro lleno de incredulidad:

—Esto... debe ser alguien con el mismo nombre, ¿verdad?

—¡Seguro que es un alcance de nombre! En una gala internacional de este nivel, ¿cómo podría aparecer esa mujer, Karina Leyva?

Los miembros del equipo a su lado también fruncieron el ceño y asintieron:

—Exacto, ¿cómo podría Karina Leyva estar investigando temas junto a un grupo de doctores de élite de la Universidad de Harvard?

—Si resultan ser la misma persona, ¡me cambio el nombre!

—Yo también creo que es otra persona con el mismo nombre. En el país no pudo ni armar un equipo decente, ¿y cuánto tiempo ha pasado?

—¿Pudo viajar al extranjero y armar un equipo tan fácilmente con doctores de la Universidad de Harvard?

—A menos que a esos doctores se les haya zafado un tornillo.

Bárbara Olmos estaba sentada en el medio, y aunque no dijo nada, las manos que descansaban sobre sus rodillas se apretaron silenciosamente.

En ese momento, la apasionante música de premiación en el lugar aumentó repentinamente de volumen.

Las luces de todo el lugar se centraron en el estrado de premiación.

El viejo profesor de cabello canoso se ajustó los lentes sobre el puente de la nariz, abrió el sobre, le echó un vistazo y mostró una sonrisa de admiración.

Habló por el micrófono con una voz potente que resonó en todo el recinto:

—El equipo ganador del Premio a la Contribución Excepcional en Interfaces Cerebro-Computadora en su categoría de oro es...

—¡Felicidades al equipo de Santiago Blanco, de la Universidad de Harvard!

En un instante, la zona donde se encontraba el equipo de Santiago estalló en euforia.

—¡Sí!

Santiago se emocionó tanto que saltó de su silla, agitando los puños y dando un fuerte grito.

Los demás gritaron y abrazaron a los compañeros que tenían al lado; todos se abrazaban, vitoreaban, y sus rostros irradiaban una alegría incontrolable.

Era la fiesta de los vencedores.

Karina Leyva también se puso de pie, con una sonrisa de victoria en los labios.

Santiago tenía el rostro rojo de felicidad; se volvió hacia los miembros de su equipo y agitó la mano ampliamente:

—¡Vamos, hermanos! ¡Al escenario a recibir el premio!

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