—¡Hoy mismo vamos a desenmascarar a la culpable, la expulsaremos del medio del diseño y la vetaremos de por vida!
Todos apoyaron las duras palabras de la jueza Adriana.
Al ver cómo se ponían las cosas, Nadia dio un paso al frente.
—¡Buenas tardes a todos! Soy Nadia, la directora de Estudio Cobalto. Como marca a la vanguardia de la moda, en nuestra empresa jamás toleraríamos un plagio. Todos conocen nuestra trayectoria y reputación. La diseñadora Galindo me mostró este proyecto para pedirme opinión desde hace tiempo. ¡Yo soy testigo de que es una creación 100% original!
En cuanto Nadia terminó de hablar, Anaís también se hizo presente.
—Hola a todos, soy Anaís, directora de Páramo Visual. Yo también puedo dar fe de que la obra de la diseñadora Miriam es de su propia autoría. En Páramo Visual somos una firma de excelencia y tenemos tolerancia cero al plagio. ¡Nosotros también exigimos que se castigue a la copiona!
Con las directoras de ambas empresas defendiendo a su talento, la verdad se volvía cada vez más confusa.
—En ese caso, ¡les pido a ambas partes que presenten pruebas! —exigió Adriana.
Teresa sacó los bocetos originales de su diseño.
Acto seguido, Miriam también mostró sus borradores iniciales.
Al verlos, todos se quedaron más sacados de onda; ambos bocetos parecían auténticos.
—¡Los bocetos de Miriam son falsos! ¡Los hicieron a posteriori! —En ese momento, Cecilia se plantó en el escenario.
Adriana vio a Cecilia y en su rostro asomó una pizca de sorpresa alegre.
—¿Qué tienen de malo?
Cecilia señaló la proyección en la pantalla.
—Aquí, y también acá. Se nota a leguas que esos trazos se hicieron a las prisas.

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