Jamás se imaginó que habían grabado a Isidora con las manos en la masa.
—¿Todavía quieres hacerte la víctima? ¡También tengo fotos de ti y de Isidora viéndose a escondidas! ¡Se las voy a enseñar a todos en este instante!
Cecilia puso otra serie de fotografías en la pantalla.
Con esto, a todo el público le quedó clarísimo qué había pasado.
—Bueno, ya no hay nada más que aclarar. La diseñadora Teresa es la verdadera autora, y Miriam se robó su trabajo. ¡Deberían descalificarla de inmediato y toda la industria debería darle la espalda a una persona tan sinvergüenza! —declaró Cecilia.
—¡Y con qué derecho me van a descalificar a mí! ¿Tú quién te crees que eres? ¿Acaso tienes voz y voto aquí? —le gritó Miriam a Cecilia, completamente histérica.
Fue entonces cuando la jueza Adriana intervino a favor de Cecilia:
—Por supuesto que tiene autoridad. Ella también forma parte de nuestro panel de jueces; de hecho, es la jueza que decidirá los tres primeros lugares. ¡La que no tiene derecho a reclamar nada eres tú!
¡Miriam se quedó de una pieza!
—¿Qué está diciendo? ¿Que ella es jueza? ¡Pero quién demonios se cree! ¿Qué méritos tiene para estar en el panel? Y mucho menos para decidir los primeros lugares. ¡Seguro están cometiendo un error!
—No hay ningún error. La persona que tienes enfrente es la famosísima diseñadora Elisa. Este concurso es sumamente importante para nosotros, por eso la invitamos especialmente a ella. El panel elegirá a los tres finalistas, y será Elisa quien defina sus posiciones finales basándose en sus creaciones —explicó Adriana.
¡Esa revelación dejó atónitos a todos los presentes!
¡La diseñadora Elisa, que siempre se había mantenido en el más absoluto misterio, por fin daba la cara!
¡Y para colmo, era la jueza suprema del concurso!
—¡No! ¡Eso es imposible! ¡Cómo va a ser ella Elisa! ¡Nadie ha visto a Elisa en persona, es una farsante! —Miriam se negaba rotundamente a creerlo.
Reconocía que los diseños de Cecilia eran buenos y que tenía mucho talento; eso le había quedado claro desde que vio los bocetos de aquellos bolsos hace tiempo.
¡Pero de ahí a que fuera la prestigiosa Elisa, había un abismo!

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