—Pero así… ¿no está fuera de regla?
—Las reglas son rígidas, la gente no. Miriam, con los nuevos hay que tener un poco más de paciencia. Todos empezamos siendo nuevos. Los chavos de ahora no trabajan como en nuestros tiempos.
—Yo creo que Cecilia tiene futuro. Con el tiempo, va a ser de las mejores diseñadoras de la empresa.
Miriam se quedó todavía más impactada.
No entendía de dónde sacaba Nadia esa confianza.
En su opinión, Cecilia ni de cerca le llegaba a Isidora, que entró al mismo tiempo.
Isidora al menos sí iba seguido con sus trabajos para que Miriam la orientara.
En cambio, desde que Cecilia llegó, Miriam ni la había visto hacer un solo boceto.
Para Miriam, Cecilia solo servía para andar de mandadera.
Al final, Miriam dejó el tema. No iba a discutir.
Pero mientras más defendía Nadia a Cecilia, más le caía mal.
Ese día, por fin, Cecilia regresó a trabajar.
Isidora preguntó, sorprendida:
—Cecilia, por fin. ¿Dónde te metiste este tiempo? Ya pensábamos que habías renunciado.
Cecilia sonrió, tranquila.
—Nada. Tuve asuntos en casa y pedí permiso.
Miriam la regañó de inmediato:
—Ah, ¿sí? ¿Y por qué tu hermana no pidió permiso? ¿En tu casa nomás tú tienes problemas? Ni llevas nada aquí y ya ni sabes cuántos días has venido.
Cecilia no le contestó. Se sentó y se puso con lo suyo.
Sabía que Miriam no la tragaba, y además era cierto: como practicante, pedir tantos días no se veía bien.
Al verla ignorarla, Miriam se encendió más.
—Cecilia, lleva estos diseños al Hotel Casa Alameda y entrégaselos al director Lamas. Está esperando.
Miriam lo hizo a propósito para mandarla a dar vueltas.
Cecilia no dijo nada. Tomó los diseños.
Era una colaboración de Estudio Cobalto con esa empresa: ellos pedían un diseño de bolso para su marca.
Estudio Cobalto tenía sus propios productos, pero también diseñaba para terceros.

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