Si Iván ya no podía tener hijos, ¿la familia Urbina no se quedaría sin descendencia?
—¡Doctor! ¡Doctor, me está mintiendo, ¿verdad?! ¿Cómo puede estar así mi hijo? ¿De verdad no hay forma de salvarlo?
—Pues… yo ya no puedo hacer nada. Pero sé de un lugar donde, tal vez, podrían intentarlo.
—¿Dónde? —Mateo reaccionó como si se aferrara a un salvavidas.
—El Hospital de la Familia Fonseca.
—¿El Hospital de la Familia Fonseca? ¿El de los Fonseca?
—Ese. Con las condiciones que hay ahora en Ciudad de San Martín, el Hospital de la Familia Fonseca es el que está mejor equipado. Dicen que ahí hay un doctor buenísimo: casi cualquier cosa que le llega, la saca adelante.
—Hace poco incluso atendieron a un paciente paralizado de todo el cuerpo, y al poco tiempo ya lo dieron de alta.
—Por lo que veo, el estado de su hijo se parece mucho al de ese paciente. Si ellos pudieron salvarlo, seguro también pueden salvar a su hijo.
Mateo, emocionado, preguntó:
—¿De verdad es tan bueno?
—Sí. El Hospital de la Familia Fonseca no solo tiene médicos de primer nivel, también manejan medicamentos especiales que desarrollan ellos mismos. No se consiguen en ningún lado. Por eso se hicieron famosos. Pero dicen que es muy difícil entrar… así que prepárese.
Si era así, aunque se dejara la vida en el intento, iba a meter a Iván al Hospital de la Familia Fonseca.
Era su único hijo.
Además, hoy en día, ¿qué hospital no se mueve por dinero?
Él iba a pagar lo que fuera.
—Director Urbina, ¿qué hacemos ahora? —preguntó el asistente, acercándose.
—Contacta al Hospital de la Familia Fonseca. Diles que mi hijo va a entrar a tratamiento. Cueste lo que cueste.
—¿Y al responsable de lo que le hicieron, no lo vamos a buscar?

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