Zacarías no era tan rápido como Cecilia. Esas cosas se las había enseñado Cecilia, pero él solo aprendió lo básico.
Cecilia movió un par de cosas en el celular y encontró varias cámaras.
En los videos se veía a Mónica salir de su casa e ir hacia la avenida para tomar un taxi.
Pero de pronto vio algo, caminó hacia adelante y desapareció de la toma.
Era un punto ciego: alrededor no había cámaras que alcanzaran.
—Cecilia, aquí es donde desaparece… ¿qué habrá visto? ¿A dónde se fue?
—Busquemos cámaras cercanas. A estas alturas hay cámaras por todos lados. Tiene que salir.
Al rato, Cecilia encontró otro ángulo donde volvía a aparecer Mónica.
Pero esta vez iba con una mujer “embarazada”.
Se veía a Mónica sosteniéndola y luego ambas se salían del cuadro.
—Ese embarazo es falso —dijo Cecilia.
—¿Cómo lo sabes?
—Soy doctora. Se le nota en la forma de caminar: está actuando. Trae algo metido para hacer panza.
A cualquiera se le pasaba, pero Cecilia lo vio de inmediato.
—Entonces… ¿la engañó?
—Sí. Sigamos rastreando. Hay un montón de cámaras por aquí; tenemos que encontrar por dónde se fueron.
Se repartieron el trabajo.
Por fin, Zacarías encontró otra grabación.
—¡Ya! Parece que entraron a esta calle… y no se ve que hayan vuelto a salir.
—Vamos. Ahorita.
Cecilia y Zacarías llegaron al lugar.
Cecilia preguntó en los locales de abajo. Un dueño le dijo que ahí casi todos eran inquilinos.

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