La familia Galindo tampoco se quedó de brazos cruzados; todos salieron a buscarla.
Teresa se preparaba para ir a la empresa, para ver si Cecilia estaba ahí. Justo en ese momento, el cielo se soltó a llover.
Un carro tocó el claxon un par de veces y se detuvo a su lado.
—Teresa, con este aguacero, ¿a dónde vas? —preguntó Sebastián Fernández.
Sebastián pasaba por ahí y la vio. Tenía mucho que no se encontraban.
—Voy a buscar a Cici. ¡Cici desapareció!
—Súbete, te llevo.
Teresa dudó. Su relación con Sebastián era complicada, y además habían tenido algo. No se sentía bien.
Al verla inmóvil, Sebastián se bajó de inmediato y la jaló para subirla.
—¿Qué esperas? Con esta lluvia te vas a enfermar.
Teresa se metió al carro. Con el aire prendido, por lo menos se sintió un poco mejor.
Esa noche justo había tormenta; sí estaba haciendo frío. Ciudad de San Martín era una ciudad costera.
—¿A dónde vas a ir a buscar? —preguntó Sebastián.
—Primero al Estudio Cobalto. No sé si Cici esté allá. A lo mejor Miriam la dejó con horas extra… y no le entra el celular. En la casa están muy preocupados.
—Teresa, tranquila. La vamos a encontrar. Cecilia es de las que siempre salen adelante; no te me angusties tanto.
Dicho eso, el carro se fue rumbo al Estudio Cobalto.
Del otro lado, Saúl le marcó a Dante, y no tardó en llegar.
—Saúl, ya salió algo. La señorita Galindo fue a Fuego y Aroma, y además iba con la señorita Fonseca. Pero en las cámaras de afuera no aparece que la señorita Galindo haya salido; debió desaparecer justo ahí.
—Muévete. Quiero saber ya quién se la llevó.
—Sí. Dame un momento. Mi gente ya está rastreando; seguro en nada cae algo.

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