—Maribel, ¿hoy qué traes? Nunca te he visto discutir así por nada. Mira, te explico: si la señorita viene a hacer prácticas, obvio hay gente que la cuida. Por eso le avisan al área antes, no vaya a sufrir. O a lo mejor el director lo permitió. Dicen que solo tiene una hija y la trae entre algodones. Que pidan que la apapachen… pues es normal.
Mónica no pudo evitar soltarlo:
—Si el director fuera tan bueno como ustedes dicen, otro gallo me cantaría.
Así no tendría que estar aguantando aquí ni que me vean por encima del hombro.
Ella era la que peor la estaba pasando, siendo “la hija del director”.
…
Orden de la Merced.
Camilo Peña iba a salir a ver a Cecilia, emocionadísimo.
Martina se le acercó:
—Camilo, ¿vas a salir?
—Sí. Tengo que ver a Cecilia por un asunto.
—Entonces voy contigo. Ya tiene rato que no la veo.
Camilo respondió, frío:
—No. Esta vez vamos a arreglar algo y no conviene llevarte. Además, ¿no dijiste que tenías cosas en tu trabajo? Mejor vete a eso.
Dicho eso, Camilo se fue.
Martina miró su espalda, apretó los puños y sintió un hueco en el pecho.
Camilo, con cualquiera que no fuera Cecilia, era un ogro: serio, distante, con cara de pocos amigos.
Solo con Cecilia se ponía contento, como si fuera otro.
Camilo salió y pronto se reunió con Cecilia.
—Cecilia, ahora sí vamos a agarrar a ese Héctor. Los nuestros por fin lo vieron en el puerto. Vámonos de una vez —dijo Camilo, feliz.
Cecilia se subió al carro y preguntó, sin emoción:
—¿Para qué vas tú? Con que vayan tus hombres basta.

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