—¡Guau! Esta señorita sí trae con qué, ¿eh? Apenas llegó y ya invitó café con leche a todo el departamento.
—Y aparte está guapísima, se ve súper fina.
—Ay, qué ganas de ser su amiga.
De inmediato, la oficina se puso bien alborotada.
Mónica siguió a lo suyo. Tomó unos documentos y se preparó para ir al archivo.
En eso, Leticia preguntó de pronto:
—¿Alguien me puede decir para qué lado está el baño?
Aarón, por primera vez en modo lamebotas, se adelantó:
—Señorita Leticia, yo sé. ¿La acompaño?
Aarón iba guiándola y, al ver a Mónica, la empujó a un lado de un manotazo.
Mónica se quedó sin palabras.
Aarón, bien servicial, le dijo a Leticia:
—Señorita Leticia, es aquí adelante. De paso me presento: me llamo Aarón, ya tengo rato aquí. Cualquier cosa que necesite en la empresa o en el trabajo, búsqueme a mí, ¿sale?
Leticia respondió con suavidad:
—Gracias, señor Aarón.
—No hay de que.
Mónica los vio alejarse y sintió un desprecio inmediato.
Aarón de verdad se estaba luciendo en lo arrastrado.
Cuando volvió del archivo, Mónica regresó a sus reportes.
Aunque Liliana se la pasaba poniéndole trabas, en ese tiempo sí había aprendido un montón en la empresa.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia