—Con razón Aarón la estuvo buscando tanto y ella nunca le dio entrada… resulta que la mantienen.
—Dicen que es un ruco, ¿eh? Canoso. ¿Cómo se atreve?
—Ay, por dinero la gente hace lo que sea. En la oficina se da baños de moral, y mira: por fuera bien recta y por dentro la mantienen.
—Estas chavas, de verdad… quieren quedar bien con todo mundo.
—Pero a mí Maribel no se me hace así. ¿Y si alguien la está quemando a propósito?
—¿Cómo crees? Aarón la vio con sus propios ojos. Llegó en el carro de un viejito. Y el señor tenía el pelo blanco. Si no debiera nada, ¿por qué se bajó antes, ahí cerquita, en vez de llegar directo?
—Y eso que tiene prometido. Pobre tipo: lo traen de menso. Todos los días va por ella. ¿Crees que él sepa?
—Bah. ¿El guardia ese? ¿A quién le importa? Aunque se entere, ¿qué? Seguro se aguanta.
…
Mónica se quedó escuchando un buen rato y por fin entendió por qué ese día todos la veían raro.
Resulta que el día que su papá la llevó a la oficina, Aarón lo vio… y se puso a inventar chismes en el área.
Con razón andaba de pesado los últimos días; en ese momento ella ni lo había captado.
Ese tipo era una basura.
Adentro seguían con el chisme cuando Mónica entró.
De inmediato se callaron. A todos se les notó la pena en la cara.
Mónica, como si nada, sirvió agua y los miró de reojo.
Justo entonces, Aarón también entró a la cocineta.

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