Nadia miró de reojo a Cecilia y luego dijo:
—Ya se fue. Me dejó los bocetos. Ustedes saben que a Elisa no le gusta aparecer; es muy reservada. Mejor enfoquémonos en San Valentín y en la competencia, que anda al acecho: Distrito Creativo. Primero, veamos el diseño de Elisa.
A muchos les cayó como balde de agua fría.
¡Elisa había estado ahí y ni cuenta se dieron!
Si lo hubieran sabido, se habrían quedado afuera esperando, a ver si alcanzaban a verla.
Para el mundo del diseño, Elisa era un misterio.
Nadia apretó el control y en la pantalla apareció el diseño que había hecho Cecilia.
Nadia se lo fue explicando a todos, punto por punto.
—Entonces, el tema de este año gira alrededor de “Luna Creciente”. Ya tenemos el collar como pieza principal, pero no alcanza. Por lo que sé, Distrito Creativo ya sacó varios productos. Así que pónganse las pilas: quiero diseños buenos y rápido. No vayamos a hacer el ridículo como Estudio Cobalto.
Todos se quedaron viendo la pantalla, pensativos.
—No manches… Elisa sí es de otro nivel. El puro tema ya suena romántico.
—El anillo, el collar… aunque me dieras diez años, yo no llego a ese nivel.
—Elisa es mi ídola. Directora, ¿cuándo nos la va a presentar? Ya con eso me muero en paz.
La sala se llenó de comentarios, y varios insistían para que Nadia les cumpliera el deseo.
Nadia volvió a mirar a Cecilia, como quien no quiere la cosa, y suspiró por dentro.
«La Elisa que buscan está aquí… al lado de ustedes».
Pero no podía decirlo.
Cecilia, en cambio, al escuchar a todos hablando de “Elisa”, se puso roja.
Era la primera vez que oía en su cara que la idolatraban.
Y en su cabeza, ella solo había diseñado “unas cuantas cosas”; no era para tanto.

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