—¡Sí! ¡Este diseño está increíble! El tema de San Valentín de este año para la empresa va a ser “Luna Creciente”.
—Además del anillo, también podemos diseñar un collar de la misma línea.
Mientras lo decía, Cecilia tomó un lápiz y empezó a trazar el boceto del collar en una hoja en blanco.
Hizo unos ajustes aquí y allá y, en poco más de diez minutos, lo terminó.
Para Nadia, eso ya era una productividad brutal de parte de Cecilia.
Antes, sacaba una sola pieza al año.
Y hoy, de golpe, había hecho varias.
No solo diseñó el anillo, también el collar.
Nadia sostuvo los bocetos y por dentro estaba feliz.
—Para San Valentín, esto va a ser un bombazo. Mucha gente está esperando lo que saque Elisa.
Cecilia siguió:
—Del collar solo hice un modelo. Hay quienes no quieren comprar un anillo y solo quieren regalarle un collar a la chava que les gusta. Con este, queda.
—¡Sí! ¡Está perfecto! No, neta… eres una fregona —dijo Nadia, aferrada a los diseños como si no quisiera soltarlos.
Cecilia se dio unas palmadas, como cerrando el tema.
—Listo. Ya entregué el trabajo. Ahora me toca ir a hacer los mandados.
Nadia se quedó sin palabras.
Cecilia, como si nada, salió del despacho sin hacer ruido.
Nadia no pudo evitar pensar que la vida era injusta: un talento así, y ahí estaba haciendo tareas de oficina. ¿Quién le iba a creer?
De vuelta en su lugar, Isidora se acercó a Cecilia y le susurró:
—Cecilia, ¿a dónde fuiste hace rato? Miriam te andaba buscando por todos lados.
—A ningún lado. Solo hice una llamada.
—Miriam está bien enojada.

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