Ismael ni se inmutó.
—¿Por qué? Si no estoy mintiendo. Soy el prometido de Cecilia… bueno, el ex. Cecilia, tú di.
Le guiñó el ojo a Cecilia.
Eso era cierto, pero Cecilia no iba a darle el gusto.
—Martina, vámonos.
Cecilia jaló a Martina para irse.
Ismael se atravesó y les cerró el paso.
—No te pongas así, Cecilia. ¿Por qué tan fría conmigo? Desde que nos comprometimos ni me volteabas a ver. ¿De plano te doy asco? Sí, sí, soy medio mujeriego… pero eso no quita que me gustes. Si no, ¿para qué te habría insistido tanto?
—Ismael, si estás mal, ve a atenderte. Ya no eres mi prometido.
—¿Y qué ganas con el repartidor? Mejor conmigo. Mira, ¿qué tal el carro? Súbete, damos la vuelta y ya no te molesto.
Mientras hablaba, agitó las llaves del coche.
Cecilia le puso los ojos en blanco.
—Mira nada más… ¿otra vez cambiaste de novio, Cecilia? —apareció Berta con sus amigas, saliendo de la escuela.
Justo las vio con Ismael.
Berta, al ver que ahora era otro hombre, decidió no soltar la oportunidad.
Hoy Cecilia ya la había dejado mal parada y traía el coraje atorado.
—Con razón le llegan tantas flores… anda con más de uno.
—Uno que reparte, otro ricachón, otro niño bien… trae el ganado completo.
—Antes la envidiaba, pero qué asco.
Empezaron a tirarle con todo.
Puro coraje y envidia.
Ismael las miró de arriba abajo y se metió:
—¿Y ustedes quiénes son? ¿Qué tanto están hablando?
—Ya, Berta, déjalo. No nos metamos —la calmó una compañera.
—No entiendo… le dije que lo estaban engañando y todavía me grita —Berta no lo podía creer.
Nadie lo entendía.
Solo Ismael sabía por qué.
Que Cecilia tuviera un prometido que se la vivía repartiendo… eso sí era verdad, aunque él no pudiera hacer nada.
Lo de que un ricachón la mantenía era una jalada. Él no se lo creía.
Si Cecilia fuera de esas, desde hace mucho él ya la habría convencido.
Él estaba acostumbrado a las intrigas entre mujeres; con una mirada le bastaba.
Envidia.
Pura envidia.
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia