Saúl por fin entendió qué estaban intentando.
Alzó la vista y miró a la mujer de al lado.
—¿Tú eres Isabel?
Isabel se acercó, toda apenada.
—Sí, señor Rivas. Yo soy su verdadera prometida.
—¿Y tú por qué crees que tienes derecho a ser mi prometida?
—Yo… —Isabel se quedó pasmada.
No esperaba que fuera tan directo.
—Con esa cara… ¿neta? ¿Y todavía te atreves? Esa cara te la dejaron a bisturí, ¿no? —la presionó Saúl.
—¡No! Yo… yo no… no me operé —negó rápido.
Saúl soltó una risa despectiva.
—¿No? ¿Crees que estoy ciego? ¿Me vas a decir que no te operaste la nariz y la boca, y que no te hiciste los ojos? ¿O ya se te subieron los fillers a la cabeza? Con razón te ves medio lenta. ¿Con qué cara vienes a decir que eres mi prometida?
—Yo… —Isabel se quebró—. ¡Buaaa…!
Se puso a llorar y corrió con su mamá, Olivia.
Olivia estaba furiosa, pero en voz baja la regañó:
—Te dije que ya le bajaras con las cirugías, pero no. Mira nada más.
Nadie esperaba que Saúl saliera así. Todos se quedaron sin saber por dónde iba.
Saúl volvió a ver a la abuela y habló, con intención de dejarlo claro.
—Bianca, lo digo de una vez: Cecilia es la única prometida que reconozco. Hoy en día sobran los que se acercan cuando ya todo está bien, pero los que te tienden la mano cuando estás en el suelo son contados. Ustedes saben perfectamente cómo me tocó vivirla. Si no fuera por la familia de Cecilia, no existiría el Saúl de hoy.
Thiago le dijo a Marina y a Cecilia que se adelantaran, que él alcanzaba.
La abuela volvió a agarrarle la mano a Thiago, cariñosa.
—Hijo… somos familia. Antes yo me equivoqué. Ya estoy grande y he pensado muchas cosas. Lo más importante es estar juntos. Quiero que ustedes se regresen a vivir a la casa Galindo, para que la familia vuelva a estar completa.
Thiago se mantuvo frío. Ya estaba decepcionado.
¿“Familia”? En más de diez años, eso se había ido desgastando hasta acabarse.
Sus dos hermanos habían sido capaces de correrlos. Con ellos ya no tenía nada.
Lo único que todavía le pesaba era su mamá, por muy parcial que fuera: al final era quien lo parió y lo crió.
Además, él ya se había acostumbrado a vivir fuera.
—No, mamá. Nosotros estamos bien así. No hace falta volver para estorbar —rechazó Thiago.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia