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Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia romance Capítulo 144

Antes le preocupaba que se viera mal, por lo de la enfermedad.

Pero no: se veía fino, distinguido.

Como un joven de familia importante.

«No…»

A Isabel se le aceleró el corazón.

Sintió que se estaba enamorando de Saúl.

Cecilia vio cómo a Isabel casi se le iban los ojos detrás de Saúl, con cara de boba, y se burló por dentro.

Aunque también lo notó: desde que se recuperó, este tipo cada vez se veía mejor.

Hasta en el mundo del espectáculo habría pocos que le compitieran.

Cristian era mestizo; decían que por el lado de su mamá tenía raíces europeas.

Y en la generación de Saúl, ese toque quedaba justo en su punto.

La forma de moverse, la cara… todo en él traía esa elegancia.

Sobre todo sus ojos: de un azul profundo, como mar.

Si lo mirabas de más, te jalaba.

Claro que Cecilia no era de las que se derretían fácil.

—Buenas tardes, Bianca —saludó Saúl, mirando primero a la abuela.

Era la mayor; por educación, correspondía.

A la abuela le encantó que, siendo alguien como Saúl Rivas, fuera tan correcto y respetuoso con ella.

—Señor Rivas, es su primera vez en la casa Galindo. Isabel, ¿qué haces parada? Ve a servirle algo de tomar al señor Rivas —dijo la abuela a propósito.

Le estaba abriendo el camino a Isabel para acercarse.

Isabel seguía en shock por lo guapo que era.

Hasta que Olivia le dio un pellizco, reaccionó.

Saúl vio que Cecilia estaba seria, y que Thiago y Marina también traían mala cara. El ambiente se sentía raro.

¿Le habrían hecho algo a su novia?

—Cici, ¿por qué me ves así? —Saúl no entendía.

—Saúl, te lo voy a decir directo: cuando la familia Rivas pactó el compromiso con la familia Galindo, la prometida era Isabel —dijo, señalando a la mujer junto a él—. Y ellos dicen que tengo que “cederte” para que el compromiso vuelva a ella. Por eso te llamaron: para “aclararlo”.

Saúl se quedó sin palabras.

Hasta le dieron ganas de reír.

Desde que se recuperó, le salían pretendientes de debajo de las piedras.

Primero los Valdés, ahora la segunda rama de los Galindo.

Cuando estaba paralizado, viviendo en el rancho, nadie se paró a verlo.

Ahora sí, bien puestos.

La abuela, al ver que Saúl no respondía, se apresuró a intervenir.

—Señor Rivas, es cierto. Así fue. En su momento se hizo mal, y no podemos seguir con ese error. Yo le aseguro que la que se pactó fue Isabel.

***

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