—Thiago, lo dices como si nosotros, tus dos hermanos, no te aguantáramos —dijo Facundo, molesto.
Patricio sonrió.
—Thiago, ¿todavía sigues con lo de antes? Al final somos familia. Mejor regrésate.
Thiago se mantuvo firme.
—Ya lo decidí. No hay nada que hablar.
La abuela, al ver que no cedía, lo dejó pasar.
—Hijo, si es así, no voy a obligarte. Mira… para compensarte, voy a dejarte a ti la empresa que la familia Rivas nos dio en su momento. Te voy a dar el treinta por ciento de las acciones, como devolución por lo de Cici.
En cuanto dijo eso, Facundo y Patricio se quedaron pasmados.
—¿Mamá, qué? ¿Le vas a dar a Thiago el treinta por ciento? ¿Y nosotros qué?
—Sí, mamá, el treinta por ciento es muchísimo. Piénselo bien.
—¡Cállense! —los regañó la abuela.
—Thiago ha sufrido afuera todos estos años. Ustedes han vivido cómodos, ¿con qué cara reclaman? Antes… todo fue culpa mía. Hijo, de verdad quiero que te hagas cargo de la familia Galindo y me ayudes a quitarme carga.
—En ese entonces su papá se murió temprano. Cuando falleció, Thiago apenas tenía quince años. Yo sola, siendo mujer, cargando con toda la familia… ¿creen que fue fácil? Yo sostuve esta casa como pude y los saqué adelante. Si alguna vez fui injusta, quiero que me perdones. Al final, yo lo hice por el bien de la familia Galindo… —dijo la abuela con la voz quebrada, y se limpió las lágrimas.
Thiago se conmovió.
Cuando su papá murió, la familia sí estaba en una situación difícil, y había mucha gente esperando cualquier debilidad.
Su mamá se encargó de todo y aguantó sola; por eso la familia llegó a donde estaba.
De verdad no le había tocado fácil.
—Mamá, todo eso lo sé. Yo solo quiero que la familia esté en paz; el dinero no es lo importante. Pero tú siempre has despreciado a Marina, por venir del rancho, y también has despreciado a mis hijos. Si de verdad estás dispuesta a aceptarlos, yo te ayudo con la empresa —dijo Thiago.
La abuela se emocionó.
—¡Aceptar, claro que sí! Hijo, si regresas, yo hago lo que sea. De ahora en adelante, Marina puede sentarse a la mesa. En la familia Galindo la van a tratar igual que a las otras dos mujeres de mi papá; nadie se va a atrever a molestarla. Te lo garantizo.
Al final, la familia Galindo era poca cosa.
Pero la familia Rivas era otra historia: en Ciudad de San Martín, e incluso a nivel nacional, tenían un peso enorme.
La influencia y la fortuna de Cristian eran todavía más grandes; con eso no se jugaba.
Ni siquiera Cecilia estaba segura de poder ponerse en contra de una familia tan poderosa como los Rivas.
—¡Ya salió tu papá! —dijo Marina, emocionada.
Thiago traía cara de estar pensando muchas cosas.
—Thiago, ¿qué pasó?
—Mi mamá dijo que nos mudáramos con la familia Galindo. Le dije que no.
—¡Pues claro que no! La casa en la que estamos está enorme, no tenemos por qué movernos. Además, eso es pura hipocresía —soltó Marina.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia