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Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia romance Capítulo 139

Aunque habían pasado más de diez años sin verlo, los rasgos de Thiago seguían siendo los mismos.

—Soy yo, Nicolás.

—Pase, por favor.

El mayordomo lo trató con muchísimo respeto. Por lo que Marina le había contado a Cecilia, su papá siempre fue demasiado buena gente en la familia Galindo.

Si un empleado se equivocaba, Thiago era el que intercedía. Si alguien tenía problemas en casa, él ayudaba.

Trataba bien a todo mundo.

Y justo por eso, la segunda y la tercera rama se aprovecharon y se unieron para sacarlo.

Porque Thiago sabía ganarse a la gente.

Entre el personal de la casa, todos lo querían.

Ese día había bastante gente en la casa de los Galindo.

Estaban reunidas la segunda y la tercera rama, y también habían ido sus hijos.

—¡Señora! ¡Señora! ¡Volvió el señor Thiago! ¡Y ya puede caminar! —entró Nicolás emocionado a avisar.

Todos se quedaron en shock.

¿Thiago, paralizado por más de diez años… de pie?

¿Y nadie les había dicho nada?

No les cabía en la cabeza.

Se quedaron mirando con atención hacia la entrada.

Thiago y Marina entraron con los demás.

Thiago, alto, en traje, se veía entero, con ánimo.

—¿Hermano… ya se te curaron las piernas? —Facundo Galindo, de la segunda rama, fue el primero en acercarse.

—Sí —respondió Thiago, sin emoción.

—Hermano, ¡felicidades! —dijo Patricio Galindo con una sonrisa—. Qué gusto que te recuperaste. ¿Por qué no nos avisaste? Te hubiéramos hecho una comida.

Los dos sonreían como si de verdad estuvieran felices por él.

Pero Thiago se mantuvo frío.

—Mamá, fue Cici quien me curó. No tiene nada que ver la Virgen María.

—¿Cómo que no? —Bianca se molestó—. Yo he estado al pendiente y rezando todos los días. Fue la Virgen María. ¿Me estás cuestionando a mí, tu madre?

Cecilia sabía que su papá no era bueno para pelear con palabras, así que dio un paso al frente.

—Abuela, si fue por sus rezos… ¿por qué durante más de diez años mi papá no se levantó? Y en todo ese tiempo, ¿usted fue a verlo aunque fuera una vez?

Bianca la fulminó con la mirada.

—Cuando hablan los mayores, los jóvenes no se meten.

—Abuela, ¿no que hoy era una reunión familiar? ¿También hay reglas para eso? Además, dijeron que usted estaba enferma… pero yo la veo con mucha energía —dijo Cecilia, mirándola de reojo.

A Bianca le dio un pinchazo de culpa.

Se apresuró a inventar una excusa:

—Sí estaba enferma, muy grave… pero en cuanto vi que mi hijo se recuperó, se me quitó.

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