El fin de semana, cuando Elena fue a casa de su tía, no vio a su abuela, así que le preguntó a Carmen:
—¿Y mi abuela?
Carmen suspiró y señaló la habitación:
—Desde que supo que me divorcié, lleva varios días desanimada.
Con la ayuda de Javier Cortés, Carmen había ganado el juicio de divorcio; le otorgaron la casa y la custodia de su hija.
Carmen estaba feliz.
Pero la abuela no compartía su alegría.
Elena abrió la puerta y vio a su abuela sentada en la cama, mirando por la ventana con expresión deprimida. Se sentó a su lado y trató de animarla:
—¿Quién hizo enojar a la jefa de la familia?
Al verla, la abuela soltó todo lo que traía guardado:
—Tu tía es muy impulsiva, ¿cómo se le ocurre divorciarse así nada más? Esa amante solo quiere dinero. Con lo que gana César al mes, en cuanto no pueda pagarle sus lujos, van a terminar y él se dará cuenta de lo que perdió. Si tan solo hubiera tenido paciencia, César habría sentado cabeza y regresado a su hogar.
Elena la miró con resignación.
Las mujeres de la generación de su abuela siempre creían que, tarde o temprano, un hombre así volvería al hogar.
Pero las cosas ya no eran como antes.
Sabía que no valía la pena discutir con ella; después de todo, no iba a cambiar su forma de pensar de un día para otro.
—Abuela, ya no le des vueltas. Mi tía y César ya se separaron, es un hecho y no se puede cambiar. Ya verás que luego encuentra a alguien mejor.
—Ay, por favor, no es tan fácil. Ni siquiera pensó en Ariadna. ¿Qué padrastro la va a tratar bien?
Tras escuchar sus quejas, Elena insistió un poco más hasta que la abuela por fin accedió a salir a comer.
Sin embargo, seguía sin querer dirigirle la palabra a Carmen.
Carmen no sabía qué más hacer. Ya se había divorciado y no se arrepentía.
Jamás perdonaría a ese infeliz.
Antes de que Elena se fuera, la abuela le tomó las manos y le dijo:
—Tú no vayas a cometer los mismos errores que tu tía. Cuida bien tu matrimonio, no te andes divorciando a la primera provocación. Si lo haces, yo ya no voy a poder soportarlo.
Elena sintió un nudo en la garganta y los ojos se le llenaron de lágrimas.
Al verla así, no tuvo valor para decirle que ella y Diego ya estaban completamente distanciados.
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