A Bianca no le importaba en lo más mínimo lo que le pasara a Eulalia, siempre y cuando nadie se atreviera a lastimar a Elena.
Tomó a Elena de la mano con gran cariño.
—Ven, vamos a probar la ensalada fresca que preparó el chef. Sé que en este momento debes tener antojos de cosas un poco ácidas por el embarazo.
Arriba, Eulalia se cambió de ropa, pero ya había perdido por completo el apetito y las ganas de estar allí.
Bajó las escaleras y, al ver a Elena conversando animadamente con Bianca en la cocina, soltó una risa sarcástica antes de gritar desde el pasillo:
—¡Mamá, tengo que salir a hacer algo, coman ustedes sin mí! ¡Yo paso!
Y sin más, salió de la casa dando un portazo.
Sin ella cerca, el ambiente entre Bianca y Elena se volvió mucho más cálido y relajado.
Comieron y platicaron de todo un poco, disfrutando de un momento muy agradable.
Cuando Bianca escuchó que Elena colaboraría con Héctor, se alegró muchísimo en su interior.
Si los dos jóvenes lograban conocerse mejor trabajando juntos, les sería mucho más fácil aceptarse mutuamente cuando por fin descubrieran su verdadero parentesco.
—Este proyecto me parece fascinante —le dijo Bianca a Elena con entusiasmo—. Le preguntaré a Dante si le interesaría invertir un poco en esto. Además, cuando tengan sus reuniones, aprovecharé para darme una vuelta y llevarles unos bocadillos y buen café.
Elena sonrió complacida.
—Entonces le agradezco de antemano en nombre de todos mis colegas, señora Bianca.
Sentía que la señora Bianca era increíblemente buena y protectora con ella.
A veces se preguntaba si acaso estaba proyectando en ella el amor que no podía darle a su propia hija desaparecida.
Pero no le importaba. Mientras la señora Bianca la necesitara, ella estaría encantada de hacerle compañía.
***
El lunes, después de la reunión matutina, Elena volvió a su escritorio y vio a Diana haciéndole unas señas exageradas y cómicas con los ojos.
—¿Quieres un poco de leche, Elena?
Desde que descubrió que Elena ya no tomaba café por el embarazo, la nueva forma de Diana para congraciarse con ella era ofrecerle leche fresca o algún jugo natural.

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