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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 554

»Pero jamás debiste apuntar al puesto de director de Bruma Alta, ni mucho menos aliarte con el tío Nicolás y los Carmona. Mírate ahora. Te usaron como carne de cañón para deshacerse de mí y luego te traicionaron en la votación.

»Deberías estar agradecido de que solo me diste un somnífero por tres días. Si me hubieras matado, ¿de verdad crees que tú podrías liderar el Grupo Vargas?

»En menos de un mes, el tío Nicolás o los Carmona te habrían devorado vivo y dividido la empresa. ¿Acaso no pensaste en las consecuencias?

Un sudor gélido empapó la espalda de Leonardo.

Alejandro tenía toda la razón.

Conocía sus propios límites; jamás podría ganarle a su hermano adoptivo ni a la astucia de los Carmona.

Por eso solo se había atrevido a sedar a Alejandro, esperando que al despertar no tuviera más remedio que aceptar su nombramiento.

Su plan era quedarse con el control y darles una tajada de trescientos millones a los demás.

¡Pero esos malditos exigieron dividir los ochocientos millones en partes iguales! Y, para colmo, querían que las seis fábricas de Bruma Alta les maquilaran productos gratis para sus propios clientes.

Bruma Alta perdía dinero, pero el antiguo director, el señor Ventura, usaba secretamente las fábricas para producir a otras marcas y se embolsaba unos mil millones de ganancias anuales.

Como el viejo era amigo íntimo del abuelo, la familia fingía no saber nada.

Leonardo codiciaba ese puesto por la enorme montaña de dinero negro que generaba.

Tras ser traicionado y denunciado por sus propios cómplices, terminó siendo suspendido y embarrado en un escándalo.

Ahora, su única salvación era Alejandro.

—Que te hayan denunciado y suspendido por tres meses no es mi problema —dijo Alejandro con indiferencia—. En cuanto a Bruma Alta, no le daré ese puesto a nadie de las familias Vargas o Carmona. Se asignará mediante un concurso de méritos justo y transparente.

Aunque a Leonardo le dolió perder el botín, saber que los demás también se habían quedado con las manos vacías le dio un amargo consuelo.

—Alejandro, de verdad me arrepiento de haberte drogado, ¿no me guardas rencor, verdad? Acepto la suspensión de tres meses, pero... ¿mi sueldo y mis dividendos seguirán pagándose?

Era una fortuna que no estaba dispuesto a perder.

—Tío —dijo Alejandro con tono calculador—, deberías buscar a los que te denunciaron. Si ellos encontraron trapos sucios tuyos, ¿vas a decirme que tú no tienes nada contra ellos? Si consigues pruebas contundentes y logras denunciarlos, también los suspenderé.

A Leonardo se le iluminaron los ojos.

¡Claro que sí!

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