A la mañana siguiente, Elena acudió a una reunión en el instituto de investigación.
Enzo le comentó:
—Tenemos una nueva colega en el departamento, se llama Eulalia Guzmán. Por lo visto, estudió en el extranjero y regresó al país hace poco.
Elena sintió un poco de sorpresa.
No esperaba encontrarse con Eulalia tan pronto.
Durante la reunión, el director Medina se la presentó a los demás:
—Esta es la nueva integrante de nuestro equipo, Eulalia Guzmán, posgraduada en la Universidad Monash, que ha colaborado en proyectos de desarrollo de curas para el cáncer. Es una persona muy capaz, por lo que los invito a entablar buenas relaciones.
Eulalia se levantó y sonrió para saludar a todos.
Todos procedieron a darle un gran aplauso en modo de bienvenida.
Al pensar que Hugo la había utilizado para embaucar a la señora Bianca, la expresión de Elena se volvió más gélida.
Sin embargo, sabía mantener el ámbito profesional apartado del personal.
En su lugar de trabajo, no la juzgaría por lo que sabía de ella.
Una vez terminada la junta, Elena y el director Medina se quedaron a discutir un par de cuestiones laborales en privado.
Cuando terminaron, casi eran las once y media.
El director Medina le consultó:
—Vamos a hacer un almuerzo para celebrar que Eulalia se une al equipo, ¿quisieras acompañarnos, Elena?
Elena rechazó la invitación de forma amable:
—Quería regresar al laboratorio a adelantar algunas cosas, así que en esta ocasión paso.
Como el director sabía que estaba atareada, no quiso obligarla.
Elena se fue por su lado y vio a Eulalia en los pasillos revisando unos documentos.
Eulalia le sonrió con total cortesía antes de decir:
—Señorita Navarro, escuchar los apuntes que diste durante la reunión de hoy fue muy esclarecedor. ¿Te importaría si intercambiamos números para hablar por WhatsApp?
Hablaba un español impecable, sin asomo de ningún tipo de acento extraño.
Elena accedió a darle el número con una sonrisa educada.
Tras agregarse, Eulalia acotó:
—Como recién vuelvo, no tengo muchos amigos por aquí. ¿Te molestaría si te pregunto un par de cosas ajenas al trabajo de vez en cuando?
Elena aún no sabía qué clase de truco tenía bajo la manga, pero asintió afablemente:
—Por supuesto.
—Genial —dijo Eulalia, reflejando su alegría.
Elena se despidió con la cabeza y partió del instituto.
Esa noche, Elena y Alejandro cenaron juntos.
De repente, su teléfono vibró en la mesa.
Era un mensaje de Eulalia.
Le hizo una consulta relacionada con su área de trabajo.
Elena le brindó una respuesta detallada.
Eulalia luego le pidió sugerencias sobre restaurantes famosos de Ciudad del Río y ella procedió a recomendarle dos en concreto.
Alejandro le preguntó:

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