La señora Vargas miró de reojo a Elena con evidente descontento.
Sin embargo, al dirigirse a la anciana Vargas, mantuvo una actitud respetuosa.
—Mamá, vine a hablar contigo para fijar de una vez la boda de Alejandro e Isidora.
Sabía que Alejandro y Elena estaban saliendo y que, además, planeaban mudarse juntos después de casarse. Esa idea le quitaba el sueño. Si no lograba que Isidora se uniera a la familia ahora, sería demasiado tarde.
La anciana Vargas respondió con tono áspero:
—No hay nada de qué hablar. Ya lo discutí con el director Valverde y la señora Valverde. Ellos también creen que, si Alejandro no tiene intención de casarse, no hay que forzar las cosas. Tú, en cambio, le sigues dando esperanzas a Isidora. No sé qué intenciones tienes, ¿te vas a casar tú con ella o es Alejandro quien debe hacerlo?
La señora Vargas, sintiéndose atacada, se molestó bastante, pero no se atrevía a discutir abiertamente con su suegra.
—Mamá, Isidora es una chica maravillosa. ¿Qué es lo que no te convence de ella? Además, mandé a investigar a Elena. Ella no tiene capacidad para tener hijos. ¿De verdad puedes aceptar a una nuera así?
Al ver su herida expuesta frente a todos, el rostro de Elena palideció de golpe.
Alejandro notó su cambio de expresión y le apretó la mano con firmeza.
Justo cuando iba a hablar para defender a Elena, la anciana Vargas se le adelantó:
—Paloma, aunque Elena no pueda tener hijos, ella es la única nuera que yo acepto para mi nieto.
Elena miró a la anciana, sorprendida y con los ojos cristalizados.
La señora Vargas apretó los dientes.
—Mamá, ¿te has vuelto loca? ¿Cómo es posible que la familia Vargas se quede sin un heredero?

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