Ella sentía que sabía amarlo mucho mejor que Elena. Por eso, era ella quien debía quedarse al lado de Diego.
Acomodaron a Diego en la cama. A pesar del avanzado embarazo, Adriana insistió en ponerle la pijama ella misma y en limpiarle la cara con una toalla.
Al mirarlo de cerca, tan atractivo incluso en ese estado, Adriana sintió que volvía a rendirse por completo ante él.
Ese era su hombre, el padre de su hijo; de ninguna manera se lo iba a dejar en bandeja de plata a Elena.
De pronto, el hombre murmuró entre sueños:
—Elena, ya no hagas berrinche.
Adriana oyó con claridad el nombre que había dicho y se quedó helada.
Ella lo amaba con locura, ¿por qué él llamaba a otra mujer?
***
Al día siguiente, Diego despertó y notó que no tenía esa típica y horrible resaca, además de que le habían cambiado la ropa.
Pensó que Elena lo había cuidado la noche anterior, y justo cuando iba a llamarla, se dio cuenta de que la distribución del cuarto era distinta.
A Diego se le vino encima una sensación amarga, como si algo le faltara de golpe.
Adriana entró a la habitación sosteniéndose el vientre y le dijo con dulzura:
—Diego, ven a desayunar.
Al darse cuenta de la decepción de Diego, apretó los puños con fuerza.
Diego reaccionó y asintió.
—Está bien, primero me voy a dar un baño.
Se levantó y entró al baño.
Mientras desayunaban, Adriana le preguntó:
—Hice cita en dos clínicas privadas de recuperación posparto y pensaba ir a checarlas hoy. Si tienes tiempo, ¿me acompañas?
Diego frunció el ceño.
—¿No contratamos ya a cuatro niñeras para la casa? Puedes hacer tu recuperación aquí, los servicios de esas clínicas a lo mejor ni son tan buenos como estar en casa.
Adriana para nada quería pasar la cuarentena en la residencia Romero; tener que aguantarle las malas caras a Beatriz todos los días seguro le daría depresión posparto.
Por eso, insistió:
—Esas clínicas no solo cuidan al bebé y a la mamá, también tienen un equipo médico profesional. Si el bebé llega a sentirse mal, lo pueden atender de inmediato.
Diego acababa de terminar una junta en línea. Al verla entrar, preguntó:
—¿Qué pasó, Lucía?
Lucía dejó la carpeta sobre el escritorio.
—Checa esta propuesta.
Diego la abrió y le dio una leída. Al terminar, no pudo evitar sorprenderse:
—¿Quién armó esto? Resuelve a la perfección los problemas técnicos con los que el departamento de investigación estaba atorado.
Lucía, con una expresión difícil de descifrar, respondió:
—Fue Elena.
Diego se quedó pasmado unos segundos antes de decir:
—¿Seguro le pidió ayuda al profesor Álvarez, no?
Nunca imaginó que Elena estuviera dispuesta a llegar tan lejos por el Grupo Romero.
En el fondo, sabía que ella seguía sintiendo algo por él.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Me gustó mucho esta novela, bastantes enemigas tuvo la protagonista, pero me gustó como terminó; me hubiera gustado saber más de como se casó Sofia y en qué terminó Diana. Pero le doy 9 de 10....
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....