Por supuesto, Elena no quería dormir en la misma cama que él, así que al final lo mandó al sillón.
Por la noche, Elena estaba acostada, con los ojos bien abiertos sin poder conciliar el sueño.
La voz grave de Diego resonó en la oscuridad.
—Elena, todavía me acuerdo de nuestro primer año de novios. Cuando salimos de viaje y no quisiste que tuviéramos relaciones tan rápido, dormí un año entero en el sillón. Quiero que sepas que lo que siento por ti no ha cambiado en absoluto desde entonces.
Elena también recordó aquellos tiempos.
En ese entonces, era el primer amor de ambos y hasta se daban la mano con mucho cuidado, ni hablar de tener más intimidad.
Ella pensaba que, como él la valoraba tanto, le sería fiel toda la vida.
Pero él mismo se encargó de hacer pedazos esa ilusión.
Al ver que Elena no respondía, Diego pensó que estaba cansada y no dijo nada más.
Ese día había estado pendiente de ella y de la abuela, y todavía había trabajado un rato, así que cayó rendido en cuanto cerró los ojos.
Cuando Elena escuchó que su respiración se volvía profunda y regular, se sentó en la cama, tomó las muletas que estaban a un lado y salió del cuarto cojeando.
Se sentó en la sala, cerró los ojos y se puso a pensar en lo que haría a continuación.
Su abuela confiaba ciegamente en Diego, así que no iba a hacerle caso si le pedía que se mudaran.
Dada su condición física actual, tampoco tenía las fuerzas para enfrentarse a él.
Antes, cuando no podía zafarse de Diego, al menos podía pedirle ayuda a Alejandro.
Pero ahora que sabía lo que Alejandro sentía por ella, y sumando la hostilidad de la señora Vargas y Mariana, era imposible que lo volviera a contactar.
La única salida era decirle la verdad a su abuela.
Si su abuela se enteraba de que ella y Diego nunca se habían casado por lo civil, por más atento que Diego pareciera, todo se vendría abajo.
Solo había algo que la frenaba: no sabía si su abuela resistiría una verdad así.
Elena lo dudó un buen rato y al final decidió que le contaría la verdad el viernes, cuando fueran a su cita médica.
Si a la abuela le daba algún malestar, al menos estarían en el hospital y los doctores podrían atenderla de inmediato.
Los días se pasaron volando hasta el viernes.
Como era de esperarse, Diego canceló sus compromisos de trabajo para acompañar a Elena y a la abuela Navarro al hospital.
La abuela se estaba recuperando muy bien y solo necesitaba unos chequeos de rutina.

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