Amelia no se dejó desanimar y respondió con total seguridad:
—Cuando vas a presentarte con gente mayor, conviene verse dulce y formal; así entras mejor.
Héctor las estaba esperando en la entrada de la Universidad Río.
Había llevado su coche de segunda mano. Al ver que Amelia también venía conduciendo, preguntó:
—¿Me voy adelante para guiar el camino y me siguen?
Pero Amelia respondió:
—Elena y yo nos vamos contigo, le diré a mi chofer que nos siga.
Quería aprovechar cualquier oportunidad para pasar tiempo con él.
Héctor asintió:
—De acuerdo.
Les abrió la puerta trasera del coche.
Amelia se moría de ganas de sentarse en el asiento del copiloto, pero no se atrevió y terminó subiéndose a la parte de atrás junto con Elena.
Era un coche bastante económico y no tan cómodo como los de su familia, pero Amelia no mostró ni una pizca de desagrado; al contrario, pensó que Héctor era un hombre sensato que no se endeudaba comprando lujos solo por aparentar.
Entre todos los hombres que la cortejaban, además de los niños ricos, también había quienes venían de familias mucho más sencillas.
Y esos, para aparentar que ganaban bien y se las daban de ejecutivos exitosos, solían alquilar coches de lujo y apartamentos caros solo para quedar bien.
Amelia detestaba a ese tipo de hombres con toda su alma.
Le mandó un mensaje de texto a Elena compartiéndole sus pensamientos.
Al leerlo, Elena sonrió y le respondió:
[Ahorita traes los lentes del amor, por eso crees que todo lo que hace es perfecto.]
Amelia no estuvo de acuerdo:
[¿A poco no crees que es increíble en todos los sentidos?]
Elena:
[Sí, es un buen chico, pero se nota a leguas que lo tienes idealizado.]
Cuando una mujer se enamora de alguien, tiende a idealizarlo sin darse cuenta y a imaginarlo como un ser perfecto.
Pero después de convivir de verdad durante un tiempo, esa ilusión terminaba por romperse.
Si ella hubiera conocido un poco mejor a Diego antes de empezar a salir con él, tal vez no se habría dejado engañar tan fácilmente.
Héctor alquilaba un departamento modesto de dos habitaciones a un par de kilómetros de la universidad. El edificio era muy viejo y ni siquiera tenía elevador.

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