Elena soltó un ligero murmullo de afirmación:
—Sí. Acaba de venir a buscarme.
Le contó a Isabel palabra por palabra la ridícula lógica que Diego le había soltado.
Isabel casi explota del coraje al otro lado de la línea.
—Resultó ser todo un experto en repartirse entre unas y otras. ¿De verdad cree que todas están dispuestas a aceptar ese lugar?
Elena se recostó en el sofá, abrazando un cojín con fuerza mientras fruncía el ceño.
—Siento que desde que regresó de ese viaje ya no es el mismo. Para él, los sentimientos ahora son solo transacciones de negocios.
Isabel soltó una risa llena de rabia:
—Pues si tantas ganas tiene de mantener a alguien, que se busque a una mujer de esas que cobran por compañía. Seguro más de una estaría encantada de estar con ese cabrón infiel. El problema es que es un tacaño y un avaricioso; quiere tener "amor verdadero", pero no quiere esforzarse ni entregar nada real. Cree que todo se arregla abriendo la cartera. ¡Ay, por favor! Nada en esta vida es gratis.
Elena negó con la cabeza y soltó una pequeña risa amarga.
—Ya ni sé qué pensar. Creo que tanto él como Mariana tienen serios problemas de obsesión.
—Sinceramente, Mariana me parece menos detestable. Al menos ella es fiel. Diego, en cambio, resulta repugnante.
—Totalmente de acuerdo —asintió Elena—. En eso, él es mil veces peor que Mariana.
***
En el hospital, Adriana no podía ocultar la felicidad en su rostro al ver a Diego a su lado.
Sacó una libreta de su bolso y se la acercó emocionada.
—Diego, mi amor, mientras estabas de viaje pensé en un montón de nombres de cariño para el bebé. Míralos, dime cuál te gusta más.
Diego hojeó la libreta sin prestarle atención alguna y murmuró distraído:
—Todos están bien.
La frialdad de su respuesta dejó a Adriana al borde de las lágrimas.
—Ni siquiera los leíste bien.
Diego miró su reloj y le preguntó:


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