Todos voltearon a ver de dónde venía la voz.
Vieron a Alejandro acercarse a paso lento, vestido con un impecable traje negro. Su sola presencia imponía tanto que más de uno sintió un escalofrío.
—¡Alejandro! —exclamó la señora Robles, sorprendida.
Valentina también se quedó estupefacta. ¿Tanta influencia tenía Elena? Enzo y Adriel estaban dispuestos a mover todos sus contactos para protegerla, y ahora hasta Alejandro Vargas había aparecido para respaldarla. ¿De verdad no había forma de tocarla?
La señora Robles no tardó en reaccionar. No era estúpida; se dio cuenta de inmediato de que Valentina la estaba usando. Teniendo a un hombre tan poderoso como Alejandro a su lado, ¿se iba a rebajar Elena a buscar a otros?
Compuso a duras penas una sonrisa y se dirigió a Alejandro:
—Todo esto es un malentendido. Estoy segura de que la señorita Navarro nunca le haría daño a Amelia.
Dicho esto, se disculpó con Elena:
—Lo siento mucho, señorita Navarro. Actué por impulso hace un momento, le ruego que me disculpe.
Disculparse con alguien menor que ella le resultaba humillante. Si el chisme corría, iba a ser una vergüenza tremenda para las familias Robles y Ortiz, pero el honor no valía tanto como los intereses de la familia.
Elena la miró con frialdad, sin ninguna intención de perdonarla.
Bajo la penetrante mirada de Alejandro, la señora Robles apenas pudo disimular su tensión. Sacó una chequera, escribió una suma y se la entregó a Elena.
—Estoy dispuesta a compensarla económicamente, señorita Navarro.
La cifra del cheque ascendía a un millón de pesos.
Por consideración a Amelia, Elena aceptó el cheque.
La señora Robles por fin pudo respirar. El temor a que Elena se quejara con Alejandro la tenía completamente tensa. De ser así, no habría sabido qué hacer. Se guardaría ese favor de Elena por haber aceptado el trato.
Mientras tanto, en la habitación, Valentina apenas podía disimular su nerviosismo.
Se aferraba a la mano de Lucía, rogando con la mirada que la defendiera.
Lucía apretó los labios. Jamás imaginó que Elena tuviera el respaldo de Alejandro. Si las cosas seguían así, Elena se saldría de su control, se alejaría por completo de los Romero y dejaría de trabajar en el departamento de investigación y desarrollo de su empresa. ¡Y todo por culpa de Valentina!
Lucía era una mujer astuta. Ordenó sus ideas con rapidez y decidió no intervenir, dejando que Valentina y su hijo asumieran las consecuencias de sus actos.



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